Recepcionar y aperturar
Hace muchos años, a través de esta columna, me quejé de vocablos como los que encabeza esta colaboración. En ese entonces —muy al inicio de Chispitas de lenguaje—, el criterio era maniqueo: lo que estaba bien en el idioma y lo que estaba mal (cómo debía enunciarse algo frente a las formas equivocadas según criterios académicos). Así, se criticaba lo novedoso y se rendía culto a lo tradicional. Incluso, el lema de la Real Academia Española, RAE, era «Limpia, fija y da esplendor».
Mi incomodidad se debió a que el funcionario del banco donde tengo mi cuenta se refirió a «aperturar» en vez de «abrir» la cuenta. En ese entonces, el vocablo «aperturar» no aparecía en el diccionario oficial y, por tanto, era una incorrección, estaba mal dicho.
Para incomodidad de muchos, el criterio ha cambiado. Las Academias ya no dictan normas (la ‘Gramática’ –2009– y la ‘Ortografía’ –2010– académicas ya no son normativas; ahora son descriptivas). En la actualidad se recomienda un uso sobre otro, sin calificar de correcto o incorrecto; sin valorar como bueno o malo.
En el universo, nada es inmutable, todo cambia. Algunos aspectos más rápido que otros (y en unos, por lo lento, parece que siempre son iguales), pero todo evoluciona. En el idioma es igual. Es como la edad. Con el día a día no parece haber cambios, pero comparadas imágenes de varios años, los cambios son evidentes.
El idioma nunca ha dejado de modificarse. Si no fuera así, estaríamos hablando latín. Este último evolucionó tanto por regiones, que por ello en Europa hay varias docenas de idiomas absolutamente diferenciados, entre los que destacan el español, el francés, el italiano y el portugués.
Bajo esta condición, las Academias del español –una en cada país que lo tiene por lengua oficial– comprendieron que su papel se limita a describir sus condiciones en un momento específico. Por ello, cada año el diccionario oficial se modifica. Bajo criterios científicos —que se basa en la aceptación mayoritaria y su utilidad comprensiva para zonas donde no sea común algún término—, el ’Diccionario de la lengua española’, DLE, (ya no es el diccionario de la RAE) incorpora, define, redefine y complementa acepciones de vocablos.
Los dueños del idioma actualmente son los usuarios y no los académicos. Recepcionar y aperturar eran verbos que en otros tiempos estaban mal considerados porque no se enunciaban en el DLE; hoy ya están incorporados. Su uso se ha popularizado en casi todos los países, principalmente latinoamericanos. Al aparecer en el diccionario oficial, acallan los reclamos que se sostiene en la postura anterior y se fortalece la condición del nuevo criterio. Es decir, que ya no se puede argumentar que están mal porque ya se les reconoce oficialmente y, al mismo tiempo, se entiende que su uso está ya muy extendido, que buena parte de los hablantes del español ya usa esos términos.
Cuando alguna voz queda solo en el ámbito regional, suele aparecer en los diccionarios locales como el de mexicanismos.
