La palabra amor no significa amor eterno, el bipedismo lo propició y es un vocablo que está relacionado con la madre.

Existe la falsa creencia de que amor se descompone en el prefijo privativo a- (como sucede con la palabra amoral, «sin moral») y de la raíz mor, de la que se deriva la palabra muerte. Entonces, se concluye que amor es «vivir sin muerte», lo que hace suponer que el amor es eterno. Muy romántico, pero no: el vocablo es latino, no griego.

La voz amor llega al latín del indoeuropeo a través de una voz infantil que sirvió para identificar a la madre, amma. A ella se añadió el sufijo -or, que identifica efecto o resultado. Es decir, la palabra amor está relacionado originalmente con la caricia o afecto, que es lo primero que experimentamos de pequeños de nuestra madre.

Todas las teorías psicológicas coinciden en ello: las primeras muestras de afecto proceden de la madre (de ahí el desequilibro cuando no se recibe). Con el desarrollo de nuestro cerebro, ese amor se diversifica en las distintas gradaciones como el fraterno, de amistad y de deseo.

Curiosamente, el bipedismo es una de las razones de la existencia del amor. La mayoría de los animales tienden a usar todas sus extremidades para desplazarse. Las crías siguen a la madre o se suben materialmente a ella, pero de sus propios recursos dependen para asirse a su pelambre y mantener su posición.

En los bípedos es distinto: la madre usa las extremidades superiores para transportar a la o las crías. Entonces, el vínculo que se forma es mayor porque es ella la activa en no perder a la cría.

El desarrollo de caminar en dos extremidades conllevó otros aspectos también vinculados con el amor. La reproducción en todos los animales se hace mediante la monta. Esta sucede en todas las especies con la hembra de espaldas. Con el bipedismo se facilitó la cópula de frente y las extremidades superiores permitieron el abrazo.

Las demás especies, los cariños lo expresan con lametazos y con la frotación de las cabezas. En los seres humanos con la cópula de frente se propició el beso y los abrazos dieron caricias con las manos. Cuando una madre humana amamanta, las caricias y besos son comunes, se perdió el lametazo. Es decir, que el beso ocupó un lugar mucho mayor afectivo y por ello el encuentro de dos bocas implica y refleja un sentido de profundo acercamiento. Pero también generó otro fenómeno que nos distinguió de otras especies: la sonrisa.

En todos los animales, los dientes son una muestra de amenaza. La mordida es una alternativa de defensa y ataque. Por ello, dos animales en pugna suelen mostrar sus dentaduras.

Con la cópula de frente, las caricias y besos, los dientes pasaron a formar parte de la cordialidad. Por ello, en el enojo los seres humanos no mostramos los dientes y por el contrario tendemos a presionar la boca.

Espero que este Día de San Valentín haya sido de muchos besos, caricias, abrazos y besos.

sorianovalencia@hotmail.com

 

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