Pronunciaciones modificadas popularmente

Chispitas de lenguaje

Una de las razones por las que un idioma evoluciona es la pronunciación. A lo largo de los siglos, los seres humanos vamos añadiendo o modificando el sonido de las palabras. Algunas quedan en lo anecdótico, pero otras arraigan y se transforman en vocablos oficiales. Los ejemplos abundan: la ‘p’ latina en muchos casos se modificó a ‘b’ en español (en latín es opus y en español, ‘obra’; en latín lupus y en español, ‘lobo’); el vocablo original fue ‘murciégalo’ y con el paso del tiempo se modificó a ‘murciélago’; antiguamente se decía ‘haiga’ y hoy está mal visto porque lo formal es ‘haya’; el original fue ‘aguzado’ (de agudeza) y actualmente el diccionario oficial recoge como mexicanismo ‘abusado’ para pedir a una persona que esté lista o atenta.

Muchos de los anteriores casos no habrían aparecido si fuéramos más cuidadosos con la pronunciación y la escritura. La vocalización (mover los labios con precisión) no es un ejercicio popular. Por lo regular, queda solo en profesionistas que viven de la voz, como los cantantes y los locutores. Muchos de estos por la mañana ejercitan los músculos faciales de la boca. La pronunciación de vocales la hacen mucho más marcada de lo normal. Con ello, logran habituar sus músculos a la forma de pronunciación de las palabras. Gracias a esto, consiguen proyectar mejor sus palabras y, por tanto, conseguir ser entendidos adecuadamente.

Y, la otra, verificar en el diccionario su ortografía. Esta actividad simple y sencilla, porque ahora se puede hacer con el teléfono móvil, no está en absoluto contemplada por la gente.

Estas actividades deberían ampliarse a profesores, conferencistas y, particularmente, padres de familia. Esto redundaría, incluso, en evitar escribir ‘haber’ en vez de ‘a ver’. Como se suele pronunciar igual y no marcadamente como dos voces, entonces es normal su confusión fonética. Este error lo he visto hasta en profesionistas.

Menos evidente, pero problemático por la falta de los ejercicios bocales, es la confusión fonética de la ‘m’ por la ‘n’. Si se marcara mejor su diferencia sonora, mucha gente dejaría de confundir ‘combino’ (de combinar algo, como colores en la vestimenta) con ‘convino’ (de convenir, llegar a un acuerdo entre dos personas).

Entre los mexicanos hay una marcada sustitución entre las consonantes ‘b’ y ‘g’. No es raro escuchar a las personas decir ‘agüelita’, en vez de ‘abuelita’; o ‘abusado’ (ya referido líneas arriba) y ‘aguzado’; o la famosa muletilla ‘güey’ por el original ‘buey’.

Pero también hay casos de absoluta incapacidad. A algunas personas les es imposible pronunciar la combinación ‘tl’ muy común en la fonética náhuatl. He escuchado a muchos decir: ‘Clalpan’ en vez de ‘Tlalpan’. Entre locutores españoles de noticias es común oírles que «El Popocatepel (así, con el tono fuerte en la última sílaba) tuvo varias exhalaciones…», en vez de ‘Popocatépetl’.

Ejercitarnos, haría más estable el lenguaje.

En Argentina, Uruguay y Paraguay la fonética del idioma tiene marcadas diferencias del resto de países de habla hispana. Allá se conjuga ‘mirá’, en vez de ‘mira’ como lo hacemos en otros países.

sorianovalencia@hotmail.com

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