La razón de dejar libre al Obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo

Obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas

Obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas.

Sergio Hernández N.

Villagrán, Gto., 18 de octubre de 2026.- Otro pasaje histórico relacionado con las hazañas independentistas de los Villagrán, padre e hijo, que le valieron el nombramiento a la ciudad, y que, aunque nunca estuvieron por esta zona, su lucha tiene pasajes históricos que merecen ser recordados, como el caso de no detener al obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, con el que la historia sería diferente.

En la columna anterior se dijo que “Chito” Villagrán, José María, -aunque en algunos textos también aparece como Francisco-, no detuvo al Obispo Cabañas, y no es que no haya podido, fueron instrucciones de otro sacerdote insurgente, José María Correa, párroco de la comunidad de Nopala, Villa del Carbón, quien dio instrucciones de dejarlo escapar.

Aún con esta acción, el cura de Nopala fue ex comulgado después de que el obispo Abad y Queipo, lo hizo con Hidalgo, Morelos y todos los insurgentes, y la reafirmó Cabañas; incluso ofreció dinero por la cabeza de Hidalgo después del levantamiento.

También organizó la contrainsurgencia en el Bajío y por ello, Rayón y el Chito Villagrán lo combatían directamente.

El obispo Cabañas como buen español, -nació en Navarra, en otra columna se hablará más de su aberración contra la insurgencia e Hidalgo-, organizó labores como policía: mandaba 24 curas a patrullar por parejas los barrios de Guadalajara, para vigilar, y ordenaba a los de Colima, Zacatecas y del Bajío a que espiaran a cualquier cura que hablara bien de Hidalgo, lo detuvieran y lo metieran preso.

Por esta razón, el “Chito” y Rayón lo tenían como enemigo principal en 1811-1812.

No obstante, el cura José María Correa, que ingresó al movimiento porque simpatizaba con Hidalgo, -después de varias peripecias por las que pasó y que se contarán en otra columna-, dejó escapar a Cabañas, pese a que, como hombre muy rico, valía como “rehén de oro” para pedir rescate e intercambio de armas.

Sin embargo, esta acción de dejarlo ir, le costó la excomunión. Fue el 22 de noviembre de 1811, sobre el camino de Querétaro a Guanajuato, en Calpulalpan, Villa del Carbón, cuando José María Correa, cura de Nopala, como insurgente y con el nombramiento de brigadier por la Junta de Zitácuaro, y que venía de ganar batallas en Venta Hermosa, fue detenido.

Ese día con mil hombres asaltó el convoy realista que escoltaba al Obispo Cabañas. Lo tenía en sus manos, lo podía capturar y llevarlo preso a Zitácuaro y pudo ser un gran golpe, pero no lo hizo.

Fue porque Correa, por ser sacerdote, dio órdenes expresas de dejarlo escapar. La iglesia no se lo perdonó: Por ese acto de “clemencia con el enemigo de la insurgencia” la jerarquía lo ex comulgó, a pesar de que Cabañas fue quién primero lo hizo con todos los insurgentes.

Cabañas cuando en su huida llegó a Guadalajara, desde ahí siguió con la organización de su batallón de la cruzada contra los insurgentes.

Este hecho es uno de los gestos más curiosos de la guerra: Un cura insurgente perdona a su obispo enemigo. -Continuará, Villagrán, para Villagrán-.

 

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