La lógica de la ortografía II

Chispitas de lenguaje jueves

La semana pasada sostuve que la ortografía es enseñada como una materia rígida, como si no hubiese motivos lógicos detrás de su normativa. Para sostener lo contrario, mostré lo fácil que es saber cuándo se escriben los vocablos con C o con S, en el 80 % de los casos. Asimismo, expuse la lógica para aplicar la mayúscula inicial en palabras que ser refieren a personas, animales, cosas y conceptos (esto es, sustantivos, que son los únicos que llevan mayúscula inicial, salvo que otra figura gramatical –como adjetivo– sea nombre propio).

Toca el turno a la G y a la J. Estas consonantes solo tienen sonido similar cuando están junto a las vocales e / i. Cuando son otras vocales, el sonido es totalmente distinguible: ja de ga; jo de go; y ju de gu. Entonces su eventual confusión se reduce. Cuando presentan sonido similar, también tienen una lógica sencilla. Si un verbo no tiene G en su infinitivo, se escribirá con J al conjugarlo cuando apareciere el sonido je, ji. Veamos ejemplos: decir (no tiene g en su infinitivo), conjugado es dije, dijimos; traducir, traduje, tradujimos. Por supuesto, si el infinitivo tiene G, la conservará en su conjugación. Entonces, aquí surge la duda ¿y cómo sabemos que en el infinitivo se escribe con G? Pues porque todos los verbos terminados en -ger, -gir y -gerar (con excepción de tejer y crujir, pero son los únicos) se escriben con G. Así, proteger se conjuga como protegemos y protegimos. Con terminación -gir tenemos como ejemplo elegir, elige y elegimos; surgir, surge y surgimos. Por supuesto, si el verbo en infinitivo lleva J, la conserva en su conjugación. Es el caso de todos los verbos terminados en -jear (no hay verbos terminados en -gear). Al respecto tenemos ejemplos como cojear, chantajear u homenajear, entre otros muchos. Todos ellos al conjugarse mantienen la J: cojeo, chantajean y homenajeamos.

El caso de la H o su ausencia es ya un poquito más complejo. Pero con una buena observación es posible darse cuenta de cuándo enunciarla. Para ello es suficiente recordar cómo hablaban nuestros abuelos o cómo se pronuncia en poblaciones alejadas de las grandes ciudades. Me refiero a que muchas personas del medio rural aún conservan la forma antigua de hablar el español. Cuando llegaron los primeros peninsulares europeos aún se pronunciaba la h con sonidos similares a la f o la j. Por ejemplo, suelen decir «jallar» para lo que hoy se enuncia como hallar. También suelen decir: «Estoy malferido», cuando lo que se dice en ciudades es malherido.

De igual forma, la unión de vocales (diptongo) ua, ue, ui, va acompañado de H (hay pocas excepciones). Tenemos ejemplos como Chihuahua, ahuehuete y huir. Es decir, que no es necesario que vaya al inicio de vocablo, como en huevo y huérfano para llevar H. La H no se mantiene en palabras emparentadas: «huevo es un vocablo que viene de oval», donde oval no lleva h porque no hay diptongo.

sorianovalencia@hotmail.com

 

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