La defensa de la democracia y del voto libre, del 13-N al 26-F

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Beatriz Pagés

Beatriz Pagés

Santiago López Acosta

El pasado 13 de noviembre se dio un hecho inédito en el país, cuando convocados por más 50 organizaciones de la sociedad civil, originalmente en la CDMX, que luego se replicó en otras 60 ciudades del país, en EE. UU. y España, para defender al INE del intento de reforma constitucional que buscaba sustituirlo, además de modificar sustancialmente el sistema electoral, que se construyó a lo largo de más de tres décadas. Esa movilización ciudadana obligo a los partidos de oposición a reagruparse para impedirlo. El oficialismo respondió con su llamado Plan B, donde a través de reformas a 6 leyes secundarias está buscando el mismo propósito, con muy aparentes violaciones a la Constitución.

Esto provocó la movilización del 26 de febrero, para pedirle a la Corte que no se deje presionar y defienda el respeto a la Constitución, cuando tenga que resolver las decenas de acciones y controversias constitucionales, que ya se presentaron contra las dos leyes aprobadas y publicadas en diciembre y las cuatro que se publicaran próximamente.

Tal parece que la duplicidad, del 13 al 26, resulto premonitorio de los resultados numéricos de esta última, pues fueron más de 120 las organizaciones convocantes y se realizó en más de 110 ciudades en todo el país, además de en 10 de los EE. UU. y en España, Francia, Canadá Gran Bretaña, Portugal, Costa Rica y en otros países. El número de participantes se incrementó considerablemente, tal vez también en el doble de noviembre pasado.

Más allá de los números, que son importantes, lo más relevante a destacar es la conciencia y responsabilidad ciudadana, que no se ha dejado amedrentar por nadie, ni manipular por los partidos políticos. Por más que se le quiera poner etiquetas, del signo que sea, fue muy evidente la naturaleza ciudadana de las movilizaciones, que se reconoce con un papel protagónico en el presente y en los próximos tiempos, más allá de gobiernos y partidos.

Si en noviembre fue José Woldenberg el orador, ahora Beatriz Pagés y José Ramón Cossío cumplieron ese papel, por la intención de las concentraciones, de ofrecer mensajes a la Corte, ultimo dique de contención.

La periodista y activista Beatriz Pagés señalo: “para impedir un golpe a la Constitución y a nuestras libertades, el INE no se toca, nuestro voto no se roba”, “el Plan B de la reforma electoral es la crónica de un fraude anunciado”, “tras utilizar al INE y la democracia para llegar al poder, pretenden eliminar al Instituto Electoral para impedir la alternancia en 2024”, “callar ante el Plan B nos haría cómplices de un crimen de Estado contra la democracia y facilitar una ruta hacia la dictadura electoral”. Llamo a los ministros a “no permitir la perdida de la Nación”, “a no abrir las puertas al crimen organizado para imponer gobernadores, y quizá, al próximo presidente de la Republica”, llamo además a “generar un gran frente ciudadano para ganar el 24”, recalcó que “libertad que no se ejerce, libertad que se pierde”.

El ministro en retiro José Ramón Cossío, por su parte, dijo: “Con las reciente reformas quieren controlar las elecciones, con la publicación de estas la política deja de hablar, corresponde ahora a la justicia y al derecho”, “no hay conspiración, es el mero ejercicio de derechos”, “se han intensificado los ataques a los ministros, tachándolos de corruptos e hipócritas si invalidan las reformas, pero, por el contrario, lo serán si lo hacen al margen y contra la Constitución”. “Confiamos en ellos para preservar la vida democrática del país”, “la democracia requiere de demócratas y debemos serlo a diario”.

Al mismo tiempo se estuvieron recabando firmas para acompañar un Amicus Curie, amigo de la Corte, figura a través de la cual cualquier persona o grupo interesado puede presentar información, argumentos y razones al Tribunal que conoce del caso, que debe tomarlos en cuenta en la resolución. Es la forma correcta para tratar de influir institucionalmente en una decisión judicial, no con manifestaciones ni presiones de cualquier tipo, y eso se cuidó muy bien en estas manifestaciones.

Fueron movilizaciones y concentraciones pacificas, respetuosas, sin afectar a nadie ni nada material, como lo fueron en noviembre pasado, con la participación de segmentos sociales muy diversos, sin responder a provocaciones, que no faltaron, con el acompañamiento, a prudente distancia, de dirigentes y militantes de diversos partidos políticos, que en ningún momento buscaron algún tipo de protagonismo.

Las marchas del 13-N y las concentraciones del 26-F son ya un parteaguas para el último tramo del sexenio y un referente obligado en el proceso sucesorio de 2024 y un llamado de atención para todos los actores políticos, tanto del oficialismo como de las oposiciones, de que hay una ciudadanía actuante, exigente, demandante y participativa, que no se dejará manipular ni engañar.

El 13-N y el 26-F marcan el resurgimiento de la sociedad civil mexicana, de una parte, muy importante de ella, la más informada y critica que, a pesar de amenazas, insultos y diatribas, salieron a la calle para defender la democracia y el voto libre, en forma civilizada, como debe ser en democracia.

A partir de ya, nada puede igual en la agenda pública de este país, los partidos de oposición deberán atender esas voces antes que sus propias prioridades, y tomar en cuenta las propuestas e iniciativas provenientes de la sociedad civil, y considerar perfiles ciudadanos para las candidaturas del 2024. El gobierno, su partido y aliados tampoco puede dejar de ver este clamor ciudadano. Ignorar o menospreciar lo que hemos visto, les puede resultar muy gravoso, política y electoralmente.

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