Intervencionismo electoral y más

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Santiago López Acosta

¡Cállate chachalaca! fue una expresión que se hizo famosa en el proceso electoral de 2006, expresada por el entonces candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos, integrada por los partidos de la Revolución Democrática, del Trabajo y Convergencia ( después Movimiento Ciudadano), Andrés Manuel López Obrador, para referirse a las constantes intervenciones del entonces presidente de la República, Vicente Fox Quesada en ese proceso comicial, para favorecer al candidato de sus partido, Felipe Calderón Hinojosa, y para denostar al principal candidato opositor, el propio López Obrador.

Esa elección fue sumamente compleja, conflictiva, la más disputada y competida en la historia de nuestro país, con una diferencia oficial de 0.58%, 243,934 votos, entre el ganador y el segundo lugar. Se criticó severamente el dicho de López Obrador, por asemejar al presidente de la república con un ave parlanchina y gritonera del sureste del país, pero se reconoció la razón que tenia de exigir que el titular del ejecutivo dejara de intervenir en el proceso electoral.

Según los análisis de la época, haber dicho eso, además de otros errores de estrategia y táctica, fueron restando puntos de la gran ventaja que tenía en las encuestas al inicio de las campañas, de más de 20 puntos, que en ese entonces eran más largas y permitían que se fueran modificando las tendencias, como ocurrió, y el resultado finalmente fue muy cerrado.

Después de esa elección se promovió una profunda reforma electoral, aprobada y publicada en 2007, que modifico el modelo de comunicación política, el financiamiento a los partidos políticos, los recuentos de votos en los casos de diferencias menores entre el primero y el segundo lugar, las prohibiciones a los servidores para utilizar recursos públicos e intervenir en los procesos electorales, entre otros aspectos. Casi todos esos planteamientos fueron de las fuerzas políticas de izquierda que apoyaron a López Obrador, derivada de la problemática de la controvertida elección.

Fue así por lo que se reformaron los artículos 6, 41, 85. 99, 108, 116 y 122; se adicionó el 134 y derogó un párrafo al 97 de la Constitución Federal. Las reformas al 41 y 134, fue para prohibir al presidente de la república y a los servidores públicos de todos los órdenes de gobierno intervenir en los procesos electorales, y sin duda fue el producto constitucional del “cállate chachalaca”, para evitar que desequilibren y hagan inequitativas las contiendas comiciales.

Esas disposiciones constitucionales se fueron perfeccionando con reglamentaciones legales, jurisprudencias y criterios del Tribunal Electoral, además de las actuaciones de las autoridades electorales, para evitar que los intentos intervencionistas de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, cuando respectivamente ocuparon la presidencia de la república, tuvieran consecuencias en las elecciones durante sus gobiernos.

Pero ahora, desde el poder, el activismo del presidente en funciones involucrándose en los procesos electorales durante su mandato no tiene precedente, y sus justificaciones de que tiene el derecho a la libertad de expresión, a la réplica y a disentir para hacerlo no tienen sustento, considerándose como cualquier ciudadano, pasando por alto que es el titular de un poder y tiene a su disposición todo el aparato del gobierno y del Estado, sin hacer la elemental distinción de los derechos y obligaciones que tenemos todos los ciudadanos en general y las que tienen los servidores públicos y el puesto que él mismo ocupa.

Sus conferencias mañaneras han sido el principal instrumento de intervencionismo electoral, como ya fue decretado por las autoridades electorales en varias ocasiones, de las ultimas en los pasados comicios locales del Estado de México y Coahuila y en el adelantado proceso sucesorio del 2024, apoyando a sus “corcholatas” y denostando a los opositores.

A partir de la difusión del método para elegir al coordinador del Frente Amplio por México, pero sobre todo después de no permitir la entrada a Palacio Nacional a la senadora Xóchilt Gálvez que con amparo en mano, exigió su derecho de réplica en la conferencia mañanera, hecho que la catapulto inusitadamente a participar en ese proceso y renunciar a su pretensión inicial de la candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, y en muy pocos días se convirtió en la principal figura de la oposición, lo que también la ubicó en la principal sujeto de ataques desde ese espacio.

Durante semana y media, diariamente, ha sido señalada por el presidente, respondiendo a todos ellos y además presentando quejas ante el INE por violencia política por razón de género, utilización de recursos públicos e intromisión en el proceso interno del Frente Amplio. El jueves pasado la Comisión de Quejas y Denuncias del INE acordó por unanimidad “se ordena al Presidente de la República, se abstenga bajo cualquier modalidad o formato, de realizar manifestaciones, emitir comentarios, opiniones, o señalamientos sobre temas electorales, en especial respecto de aspirantes a algún cargo o fuerzas políticas, ya sea de forma positiva o negativa, cuidando que su actuar se encuentre ajustado a los principios constitucionales de imparcialidad y neutralidad”, además de bajar de las paginas oficiales las conferencias correspondientes.

En la mañanera del día siguiente, aduciendo que todavía no le habían notificado el Acuerdo mencionado, volvió a arremeter contra la senadora Gálvez denunciando que le habido llegado información de contratos de las empresas de esta por la cantidad de 1400 millones de pesos durante los últimos 9 años con el sector público y desarrolladores privados y que se la entregaría a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad para que investiguen, con una tabla en formato Excel.

La información que mencionó no corresponde con lo dicho, ni en el contenido como tampoco con la cifra, pero lo más grave del caso es el abierto desacato de una resolución de la autoridad administrativa electoral que ya conocía desde el día previo, además no dice como obtuvo la información; sin embargo, no puede ser otra fuente que el Servicio de Administración Tributaria de la Secretaria de Hacienda, misma que está obligada a mantener el secreto fiscal.

Lo anterior es muy delicado, pues el titular del poder ejecutivo esta abiertamente violentando disposiciones constitucionales, electorales, administrativas, fiscales y penales.

Lo que le reclamo a Fox como opositor en 2006, no tiene parangón con lo que está haciendo él mismo desde el poder. Su expresión “cállate chachalaca” que le perjudico en su pretensión en el 2006, parece que está surtiendo el mismo efecto, aunque ahora en una posición inversa, pues cada vez que ataca a la senadora Gálvez, tal parece que la promueve y fortalece, considerando que esta ha tenido la inteligencia, habilidad y agudeza para contestarle asertivamente.

Veremos si el presidente hace caso al INE, pero no pocas voces ironizan que, si logran callarlo, la senadora Gálvez perderá su principal promotor. En fin, nos faltan muchos capítulos de esta ya larga historia.

 

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