Flexibilidad cognitiva
¿Dos posturas opuestas pueden convivir en el pensamiento de alguien sin generar conflicto? Curiosamente, sí. Este fenómeno recibe múltiples nombres: flexibilidad cognitiva, disonancia cognitiva atenuada o capacidad de comportamiento.
Cuando murió la reina Isabel de Reino Unido una reportera de la BBC de Londres entrevistaba a las personas que hacían fila por horas para pasar frente al féretro de la reina muerta. Uno de los entrevistados se prodigó en elogios a la monarca. Sin embargo, cuando la reportera pidió su opinión a la misma persona sobre el heredero al trono, estalló en descalificaciones amparado en el argumento que al siguiente rey nadie lo había elegido. Es decir, en su mente convivía sin conflicto la herencia monárquica y la democracia en la elección del jefe de Estado.
El recién premiado documental NAZA (índice de muertes colaterales por operativos israelís contra gazatíes) presenta entrevistas a los soldados de élite que realizan esos operativos. Los entrevistados (anónimos con voz modificada y rostros ocultos) revelan una condición similar: tienen una imagen de sí mismos positiva, incluso contraria a su primer ministro, pero están convencidos de sus acciones.
El caso más crítico podría ser el del presidente norteamericano que está convencido de contribuir a la paz mediante sus políticas (económicas, sociales e internacionales), sin considerar las consecuencias internas (incluso para su partido) y externas.
Esos razonamientos en nuestra mente no se cruzan para evitar desequilibrio emocional, conflicto personal. Cuando se llegan a cruzar y la persona carece de los mecanismos para resolver psicológicamente, podría generar tal crisis que el individuo sería incapaz de sobrevivir a ello.
A través de los medios de comunicación reflejamos modelos basados en el «debería ser así» por lo que suponemos personalidades monolíticas en cada ser humano, con un sentido y dirección absoluta. Según ese esquema o modelo, las personas son buenas inmaculadas o malas extremas (como en las telenovelas o el cine). La realidad no es así. Una misma persona puede ser detestable en muchos aspectos y admirable en otros tantos. El «debería ser así» responde a modelos ideales… pero, al fin y al cabo, modelos que solo intentan aproximarse a la realidad, pero que no son la realidad.
Desde hace más de un siglo, la ciencia intenta mapear el cerebro. En la década de los 50 del siglo pasado, la medicina —para reducir el sufrimiento a epilépticos y limitar el área de descontrol por los impulsos eléctricos de la enfermedad— aisló el cuerpo calloso entre hemisferios. El resultado fueron personas que se mostraban indiferentes ante ciertos hechos cuando eran informados solo usando un hemisferio de su cerebro y oculto al otro; pero, indignados y molestos ante la misma información cuando se cambiaba de hemisferio.
Ello pone en evidencia que nuestro cerebro aísla información para evitar confrontarla con otra parte de nuestra psique. Lo que significa que pueden convivir contradicciones evidentes para otros, pero somos incapaces de objetivar nuestras propias contradicciones. Ya lo decía Freud, no somos objetivos cuando se trata de vernos a nosotros mismos.
