Chispitas de lenguaje

Según Jorge Luis Borges, leer un libro da felicidad. Según Humberto Ecco (El nombre de la Rosa, entre otros) y J. R. R. Martín (Juego de Tronos) leer ofrece la posibilidad de vivir muchas vidas; no hacerlo hace que solo transcurramos por la aburrida propia. Sin embargo, yo opino que leer nos entrega la libertad.

Hace unos días, fui invitado a participar en la Feria Internacional del Libro de Celaya 2026. Frente al público asistente, sostuve que los niños deberían ver más gente leyendo un libro que revisando sus celulares. Las nuevas generaciones deben habituarse a ver el libro como algo cotidiano y no como algo excepcional porque los únicos libros que suelen manipular son los de la escuela; ninguno más.

Estudios modernos indican que el nivel de concentración se está perdiendo a causa del uso y abuso de celulares (Universidad de Texas, Adrian Ward). Las redes en los celulares provocan adicción (Tribunal de Los Ángeles, 2026), obligan a recorrer con rapidez muchos mensajes hasta dar con el más grato (lo agradable o desagradable depende de la persona) y a exponerse a un estímulo que no dura mucho. Entonces, se está habituando el cerebro a mensajes breves (Universidad de Chicago, 2003) y, por tanto, superficiales. Esos mismos estudios señalan que como el nivel de concentración es bajo, las posibilidades de análisis y reflexión decaen. Ello, a su vez, implica que el lóbulo prefrontal está reduciendo sus capacidades y, por eso, la toma de decisiones es cada día más complicada. Los resultados se observan en la prueba PISA.

En contraposición está la lectura. Es decir, el remedio se encuentra en una simple librería y, bajo mayor contexto, en ferias de libros.

La lectura no solo es el reconocimiento de signos impresos. El desarrollo de la actividad lectora posibilita reconocer signos, enlazarlos entre sí, vincularlos a un vocablo con significado y este, a su vez, insertarlo en un contexto. Con ello, cobra sentido el conjunto y propicia el crecimiento de saberes a través de la información captada.

Leer, entonces, combate la adicción al celular; fortalece la corteza prefrontal al propiciar las conexiones neuronales, dota al lector de información, por tanto, ofrece opciones y alternativa. Con ello, entonces, sienta las bases para una mejor toma de decisiones. Y, por supuesto, quien tiene mejores opciones es más probable que tome rumbo por las mejores alternativas y ello se acerque a la felicidad.

La conclusión de Borges no solo es correcta sino deseable. Pero el mismo Borges decía que nadie está obligado a ser feliz. Se lee por convicción, no por obligación. Cada cual tiene el derecho a decidir su destino. Por supuesto que, con mayor información, conocimiento, se toman mejores decisiones.

De las ofertas de libros, actualmente los de mayor demanda son los de superación personal. Sin embargo, se limitan a recetarios que, aseguran, no seguirlos al pie de la letra impide el éxito (hay más lectores de esos libros que gente exitosa).

Soy más del concepto de Einstein, quien sostenía que la imaginación es más poderosa: libros de literatura.

sorianovalencia@hotmail.com

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