Chispitas de lenguaje jueves

Hace unos días en mis redes sociales subí una imagen encontrada en el muro de un amigo que decía: «Es beneficencia, no beneficiencia; idiosincrasia, no ideosincracia; es expectativa, no espectativa; es intemperie, no interperie; es decisión y no desición». Sin embargo, me pareció oportuno completar con texto mío: «es la presidenta, y no la presidente; es dijiste, no dijistes; es fotocopia, no fotocopea». El tema no debe ser menor porque después de que publiqué, la Fundación para el español urgente (Fundéu, la segunda página más importante del idioma), esta semana difundió sobre beneficencia / *beneficiencia. En tanto, en mis redes generó varios hilos los vocablos presidenta y dijistes. Los demás, parece que quienes lo leyeron estuvieron conformes.

Correcto e incorrecto son clasificaciones valorativas que en la lingüística no tienen cabida. Y en publicaciones como esta, la mayoría tiende a aplicarlas, aunque el concepto más adecuado sería: «Se recomienda dijiste, no dijistes». Por eso, cuando se trata del idioma, genera airadas polémicas porque nadie quiere ser tachado de ignorante (concepto asociado, al menos en México, a incorrecto).

Consideremos que para el idioma los conceptos correcto e incorrecto no aplican universal e intemporalmente. Me refiero a que si alguien en la época del dominio romano en España llamase lupus al animal que hoy conocemos como lobo, estaría en lo correcto, sería lo recomendable. Es decir, habría comunicado con eficiencia su pensamiento. Pero si lo hiciere actualmente en cualquier país latinoamericano y en la propia España, no cumplirá con el propósito exacto, pues podría ser asociado a un mal del sistema inmunológico. Es decir, que no logrará comunicarse con eficiencia. Por ello, podríamos considerarlo como una incorrección en tiempo y lugar para referirse a un animal en vez de un padecimiento.

Esta es una de las razones por la que listados como el que publiqué son válidos en la actualidad para los hispanohablantes. Sin embargo, ello no quita que dentro de muchos años (no me atrevo a una cuantificación), podría ser inadecuado, impreciso o totalmente equívoco. Ejemplifico con el vocablo crocodilo. Este vocablo viene del griego krokodeilos, posiblemente un derivado de guijarro o piedra, kroke, y de gusano, drilos (para los griegos seguramente se trataban de gusanos entre las piedras tomando el sol o animales en forma de piedra). En español evolucionó de crocodilo a cocodrilo. Incluso, en el diccionario oficial (el de las Academias), aparecen las dos formas. Si uno llega a crocodilo, admite ser el vocablo original, pero remite sin dar la definición al animal al actual cocodrilo. En esta entrada, ahora sí encontraremos los detalles del animal (curiosamente, en inglés se mantuvo: crocodile).

Por esta misma razón, tanto presidenta (evolucionado de participio latino terminado en -nte) y la conjugación dijiste (sin s al final) son las recomendable hoy. Entiendo que algunas personas no estarán de acuerdo conmigo (quizá tengan más visión de futuro). No obstante, lo general, lo efectivo para comunicarse con la mayoría de hispanohablantes, son estas modalidades.

Es decir, correcto o incorrecto no aplica en el idioma; sino recomendable y no recomendado (sin que implique su prohibición).

sorianovalencia@hotmail.com

 

Compartir:
WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com