Conmemoración del Día Internacional de la Mujer

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Santiago López Acosta

El 8 de marzo pasado tuvimos una conmemoración más del Día Internacional de la Mujer, por lo que se llenaron calles y plazas en todo el mundo; en la Ciudad de México y en las principales ciudades de nuestro país cientos de miles de mujeres marcharon enarbolando diversas demandas y consignas, sobre todo en materia de respeto a la vida, la seguridad, la integridad personal y la violencia de género, que siguen siendo asignaturas pendientes de resolver, por los gobiernos y la sociedad en general. Sin duda las manifestaciones más nutridas que se tengan registradas.

De las desapariciones forzadas en el sexenio de Felipe Calderón, de 40,589 denuncias, 15,489 fueron de mujeres, en el periodo de Enrique Peña Nieto se duplicaron a 98,064, de las cuales 43,037 fueron de mujeres, y en el presente sexenio, de 2019 a la fecha, suman más de 120 mil denuncias, y de estas, más de 50 mil han sido de mujeres. En el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, en el rango de edad de entre 15 y 19 años, el número de mujeres es más del doble al de los hombres, en promedio a nivel nacional.

Por otra parte, en 2022 se registraron alrededor de mil víctimas por feminicidio a nivel nacional, cifra que se ha incrementado en 2023; 11 mujeres mueren y 7 son desparecidas cada día, por el solo hecho de serlo. Con información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se presentaron más de 82 mil denuncias de diversos delitos sexuales en 2022, cifra que se ha incrementado hasta rondar las 100 mil en 2023. En los últimos años han crecido los diferentes tipos de violencia, de 67% en 2016 a 71% en 2021 y del 75% en 2023, conforme a datos del INEGI.

La denominada Marea Morada contra la violencia machista se hizo presenta una vez más, se movilizaron miles de mujeres que advirtieron “ya nadie las volverá a callar”. En una Ciudad de México amurallada para hacer oídos sordos a su sufrimiento, ellas se impusieron y salieron para demandar justicia por sus muertas y desaparecidas, a denunciar a sus agresores y exigir un país más justo e igualitario para todas.

Llegaron a un Zócalo en el que la autoridad no colocó de nueva cuenta la bandera monumental que por ley debe izar todos los días. No les importó, ellas desplegaron su propia bandera y en la base colocaron un tendedero con la imagen de sus agresores, violadores y deudores alimentarios para exigir justicia.

Movilizaciones similares ocurrieron en más de 30 de los centros urbanos más importantes del país, con algunos incidentes de represión en Zacatecas, quemas en el emblemático Teatro Juárez de Guanajuato y en otras ciudades, y a pesar de los actos vandálicos de siempre, ahora menores, del denominado bloque negro, además realizaron labores de protección y resguardo a las manifestantes.

El reconocimiento de muchos derechos de las mujeres ha sido especialmente relevante en las últimas décadas, sobre todo en materia político-electoral y de acceso a la función pública. Hoy tenemos paridad en la integración de las cámaras legislativas, federal y de las entidades federativas, gobernadoras y presidentas municipales y servidoras públicas en cargos directivos por designación o por concurso. Recientemente la Corte aprobó el criterio “paridad en todo”, que incluye al titular del Poder Ejecutivo Federal, y es muy probable que el 1 de octubre próximo tome posesión la primera presidenta de la República, pero si, con toda seguridad, la primera gobernadora de Guanajuato.

Por otra parte, se han tipificado conductas delictivas contra mujeres, como el feminicidio, la violencia política, los ataques con ácido y de otros de diversa naturaleza. Han sido avances importantes, necesarios, pero no suficientes, pues todavía falta que se trasladan a otros ámbitos económicos, sociales y culturales.

Las mujeres salen a marchar por necesidad, no por gusto ni para festejar nada, sino para protestar y exigir que les respeten su vida y sus derechos más elementales. Este año fueron más, de todas las edades y diferentes clases sociales o filiaciones políticas; las movilizaciones han tenido un crecimiento exponencial, lo cual denota una mayor concientización social, pero también el agravamiento de la problemática que padecen.

Es lamentable la posición del gobierno federal, que se autodenomina “el más feminista de la historia”, frente a las movilizaciones y manifestaciones de las mujeres y de otros grupos sociales que no se pliegan y aplauden al régimen, y que solo piden, exigen, demandas justas y necesarias, nada del otro mundo; pero solo han recibido insultos, diatribas, injurias, ofensas y hasta represión, de un gobierno que también se hace llamar de “izquierda”, pero que no respalda movimientos con causas feministas y en defensa de los derechos de las mujeres.

Algunas activistas señalan que las y el candidato a la Presidencia de la República han dejado de lado la agenda de género, hablan generalidades sobre temas feministas, pero no presentan propuestas de acciones concretas. Señalan que persiste la idea antigua de las mujeres en la política, como si fueran un tema más, sin entender el peso que hoy tienen en la economía, la seguridad, el desarrollo social y la educación. Urgen a los abanderados presidenciales a diferenciar entre lo importante y lo urgente, deben apegarse a una agenda de prevención y atención en temas de violencia contra mujeres, prioritariamente.

Por otra parte, las mujeres constituyen el 52% del padrón y la lista nominal de electores y el poderoso segmento de las jóvenes tienen la posibilidad, tal vez, de definir la elección. Si es lo que les importa ahí está la solución.

 

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