Bárbaro
Aplicamos la calificación de bárbaro a todo aquel que se comporta de forma irracional, inculto, tosco, grosero, tendiente a lo salvaje. Esos calificativos aparecen en el Diccionario de la lengua española (el oficial de nuestro idioma) junto con la información que es el nombre asignado a los pueblos invasores de Roma y que también se aplica a quienes muestran arrojo en momentos de riesgo. Hoy es un vocablo muy recurrido a causa de las barbaridades (conjunto de actitudes bárbaras) que se registran en este mundo polarizado por la política, actos brutales que desaprobamos socialmente.
Bárbaro es un vocablo que heredamos de la cultura romana, pero que a su vez ellos la recibieron de la griega y que servía para identificar a un extranjero, independiente de su región de procedencia. ¿Cómo pasó del significado de extranjero a alguien tosco? Porque en el fondo en Grecia el término extranjero también tenía connotaciones de desprecio.
Toda cultura que alcanza un nivel de desarrollo por encima de las demás de su región, se considera a sí misma refinada. Con esta autoconcepción ve a las demás como salvajes, torpes, irracionales. El vocablo bárbaro fue acuñado como una onomatopeya. Es decir, para los griegos las lenguas extranjeras eran un conjunto de «bra, bra, bra» ininteligible, burdo, incoherente, sin refinamiento. Para ellos, el griego era dulce, armonioso, suave. Así, veían a las otras culturas salvajes, toscas y como no habían alcanzado a su parecer el refinamiento de la cultura griega, era torpes, poco listos. A su parecer, balbuceaban porque eran tontos, con inteligencia baja.
Con esa misma lógica, los romanos calificaron a los pueblos del norte como bárbaros (galos en Francia y germanos en Alemania). Pero ese razonamiento no fue exclusivo de romanos y griegos. Sverker Johansson, en su libro En busca del origen del lenguaje, informa que en el libro «Jueces» de la Biblia, describe que quien no pronunciaba correctamente la palabra shibbolet era ejecutado.
Esta apreciación de sí mismos es universal. Los chinos veían a los japoneses como toscos salvajes. Los propios mexicas consideraban a los otros pueblos de Mesoamérica poco cultos porque no hablaban correctamente el náhuatl. En los códices representaron en azul las volutas de un hablar hermoso y a las de extranjeros, con puntitos para significar un lenguaje arenoso, no pulido.
Los españoles consideraban torpes a los pueblos americanos por su falta de comprensión de lo que llamaban el Requerimiento (un decreto que les declaraba súbditos de la Corona española). Como no lo entendían y, por tanto, no lo acataban, justificaban la conquista del lugar. De ahí viene la idea de que llegaron a civilizar. Peor aún los ingleses que intentaron exterminarlos para evitar convivir en las mismas tierras con quienes llamaron salvajes americanos.
Curiosamente, de los pocos derivados de la palabra bárbaro que no conserva la idea de salvaje es el vocablo barbarismo. Este mantiene la idea de que es una forma impropia de hablar. Cuando una construcción gramatical o un vocablo se enuncia rompiendo la norma llamada culta, se le reconoce como barbarismo.
