Al estornudar, ¡salud!

Chispitas de lenguaje

Interjección es el nombre que la gramática asigna a esas «…palabras que expresan alguna impresión súbita o un sentimiento profundo, como asombro, sorpresa, dolor, molestia, amor, etc. Sirven también para apelar al interlocutor, o como fórmula de saludo, despedida, conformidad, etcétera; por ejemplo, eh, hola», indica el Diccionario de la lengua española, DLE. Es decir, se trata de voces exclamativas básicamente.

La interjección salud la solemos usar en México cuando alguien estornuda. La alternamos también con «¡Jesús!» o «¡Jesús te ayude!», aunque con menos frecuencia. Recordemos su origen.

Las fuentes consultadas coinciden en la aparición de estas interjecciones en la Edad Media. Aquella fue una época de fuertes epidemias. Al parecer la exclamación apareció como reacción a la peste negra. En el siglo xiv (1347-1350) Europa fue azotada por la peor enfermedad de la humanidad (más grave que la mal llamada gripe española de 1918, pero menor a la recientemente padecida en el mundo). En ese entonces era desconocido el mal; actualmente suponemos que se trató de las pestes bubónica o la septicémica, incluso la pulmonar.

Los síntomas descritos fueron altas temperaturas y flujo nasal. No era extraño, entonces, cuando alguien estornudaba exclamar ¡salud! o ¡Jesús! En ambos casos era una franca y declarada invocación. La primera, por temor a perderla igual que quien había estornudado y la segunda por llamar la presencia de Dios para evitar mayores males. De ahí que en inglés se haya acuñado ¡God bless you! (que Dios te bendiga o te guarde) para el mismo caso y haya evolucionado a ¡Bless you!, mayormente usado por generaciones modernas.

También hay quien supone que el origen —igualmente en la Edad Media— se debe a la creencia que el diablo poseía a las personas y provocaba males o comportamientos reprobables. Creían que el estornudo era la manera que el cuerpo tenía para expulsarlo. Por eso decir «¡salud!», no era un deseo sino el llamado a recuperarse. Los católicos, por su parte, al exclamar «¡Jesús!» o «¡Jesús te ayude!», invocan la presencia del Hijo de Dios para que su presencia evite males mayores.

No obstante, hay quien supone que exclamar ¡salud! cuando alguien estornuda es un sarcasmo, porque es esta lo que falta. No carecen de razón, pero en lo personal dudo que haya sido ese el origen.

Un uso diametralmente distinto de los arriba señalados para la interjección ¡salud! es cuando chocamos las copas para brindar (si el contenido no es alcohólico, no se considera un verdadero brindis).

Su origen también es medieval. En virtud de las constantes disputas entre reinos, marquesados, condados y ducados, cuando finalmente llegaban a arreglos —ante la ausencia de cortes internacionales o instancias judiciales que velaran los cumplimientos— los personajes cerraban sus acuerdos con un brindis. Pero las copas no se chocaban, como se hace actualmente: en realidad se compartían contenidos para demostrar que el uno no atentaba contra el otro mediante algún veneno. Así, al intercambiar contenidos y desearse mutuamente salud, estaban confirmando confianza uno al otro. El origen es una desconfianza, entonces.

sorianovalencia@hotmail.com

 

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