Chispitas de lenguaje jueves

La mayoría usa como sinónimos las palabras acento y tilde. En efecto los son… con una licencia. Si se sobrentiende que el vocablo acento comprende entre sus acepciones el registro gráfico del tono fuerte en una palabra, son sinónimos; sin embargo, sería más exacto si se enunciara acento gráfico. En esta última opción, son sinónimos precisos. El acento refiere, cierto, donde recargamos el tono, pero comprende tanto la forma fonética (el habla) como la escrita.

El acento es un rasgo característico en que evolucionó una lengua en una zona relativamente aislada o totalmente aislada. El vocablo acento nos llega del latín. Está integrado por el prefijo ad-, que se traduce como la preposición hacia en español (con el paso del tiempo, ese prefijo derivó por asimilación a ac-); y la raíz cantus, que es el vocablo para canto. Es decir, que acento se refiere a la forma en que hablamos. Cuando alguien con nuestro mismo idioma llega a una región que no es la propia, los locales calificarán como cantada su forma de hablar y, desde luego, el visitante también así aprecia el estilo de habla local. En efecto, en cada región se alargan o acortan y se modulan con mayor o menor intensidad ciertos fonemas: un ritmo.

Ello no es característico del español, sucede en todos los idiomas.

Las diferencias en la forma de hablar no solo radican en el acento, se marca también por la preferencia, abandono o sentido aplicado a determinados vocablos. Por ejemplo, mientras en México platicar se usa para charlar regularmente con otra u otras personas sobre cualquier tema, en España prefieren charla y platicar lo entienden como información ofrecida en las iglesias.

Por su parte, el vocablo tilde procede del latín titulare. Se usó este último vocablo para encabezar o titular un texto. Es decir, que su propósito era identificar lo que destaca o resalta arriba de algo escrito. De esta forma, tilde en gramática no solo se refiera al acento gráfico, también aplica para la línea ondulada que se ubica sobre la consonante n para crear la ñ, que es una letra de uso exclusivo del español.

De forma mayoritaria, el vocablo tilde se asocia con el pequeño rasgo oblicuo que se coloca sobre una vocal –acorde con reglas definidas– para reconocer la sílaba donde debe recaer el tono fuerte.

Ahora, en el idioma español estas reglas ortográficas aplican de acuerdo al acento regional. Así, por ejemplo, tenemos que mientras en el acento mexicano el imperativo de mirar es ¡mira! y no registra tilde, en el español argentino sí lo enuncia: ¡mirá! Ello se debe a que el español se escribe como se pronuncia (lo que no sucede en otros idiomas). Por eso, en México, el imperativo de mirar se clasifica como palabra grave o llana (el tono fuerte está en la i, pero el vocablo termina con vocal, no se tilda); mientras que en Argentina por su pronunciación el mismo vocablo se clasifica como aguda (acento en la última sílaba si termina en n, s, vocal).

sorianovalencia@hotmail.com

 

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