Chispitas de lenguaje jueves

Con la próxima colaboración, alcanzaré las un mil publicaciones de Chispitas de lenguaje. Por ello, dedicaré la presente y la entrante a tratar varios temas relativos.

En realidad, he formulado mayor número de publicaciones de Chispitas… pero aquí empiezo su historia.

¿Ha notado, estimado lector, que en los medios no hay temas relacionados con el lenguaje, con excepción de esta columna? Ese fue el motivo de iniciar las colaboraciones. Como estudiante, un periodista que solo hasta años después me enteré que se llamaba Raúl Prieto, publicaba una columna en el Excelsior llamada «Perlas Japonesas». Entonces se firmaba como Nikito Nipongo. Su contenido siempre se centraba en las barbaridades publicadas por algún medio o las declaraciones absurdas de algún funcionario.

Como estudiante de Periodismo, muchos profesores nos la recomendaban. A varios nos dejó profundas enseñanzas en la concordancia entre género y número en oraciones; en la conjugación de verbos difíciles y en vocablos de complicada ortografía para nosotros. Sin embargo, el texto en múltiples casos, nos era francamente incomprensible. Don Raúl Prieto era lexicólogo (un teórico de las palabras). Por ello, para el análisis y reflexión de las barbaridades publicadas, se valía de las herramientas propias de la lingüística. Entonces, los que desconocíamos o empezábamos a manejar esa terminología, nos resultaba muy difícil de entender. A ello, se sumaba un sentido del humor refinado. En lo personal, en algunas ocasiones tardé una o dos semanas en comprender la ironía fina y sofisticada con la que destrozaba al autor de la barbaridad.

Cuando murió, el vacío fue enorme. Nadie supo o pudo llenar su lugar.

Años después, apareció una columna en el Sol de México –de circulación nacional–, otra en el Imparcial de Guadalajara –de distribución estatal– y una más en Monterrey, de efímero recuerdo. Nada más en los medios sobre el idioma.

Por ello, acepté una invitación de un diario local de Celaya a publicar un recuadro que diera a conocer algún detalle, aspecto o construcción recomendada sobre el idioma. Se trataba de un pequeño recuadro ya nombrado Chispitas de lenguaje.

Sin embargo, en aquel diario no duró más de seis meses. Una ocasión, después de mandar mi texto, observé que al día siguiente no apareció. Preocupado, de inmediato me reporté para informar que sí había enviado la colaboración. Supuse, de forma equívoca, que el envío electrónico había fallado. Con quien hablé –omito el nombre porque no estoy interesado en evidenciar a alguien– me confirmó la recepción. Y añadió: «No apareció porque hoy no nos sobró espacio». Entendí que mi colaboración era solo para cuadrar alguna hoja del diario; no les importaba el contenido.

Sin agradecer, dejé de mandar la información y la ofrecí al Periódico Correo, de circulación estatal. Entonces era dirigido por Arnoldo Cuéllar y de inmediato me pidió no un recuadro, sino un comentario de 500 palabras. Ahí empezó la cuenta que estoy por festejar la siguiente semana. Chispitas de lenguaje apareció el último jueves de enero de 2007 formalmente como columna de opinión.

sorianovalencia@hotmail.com

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