Redundancias en textos
Redundancia es un término genérico para referir la repetición de datos o planteamientos en un texto. No es extraño cuando hablamos. En el proceso de exposición verbal, es común caer en ellos porque —como se improvisa— se podría tener la sensación de ser insuficiente o impreciso al explicar algo. De ahí que de forma oral sea frecuente.
Sin embargo, cuando escribimos es diferente. Por una parte, es un proceso mucho más lento y, por tanto, se tiene mayor posibilidad de meditar, reflexionar, valorar lo expuesto o la forma en que se expondrá. Incluso, una vez finalizado el documento, hay posibilidades de revisar y reformular si fuere necesario para eliminar las redundancias.
Hay redundancias de varias características. La más evidente es el pleonasmo. Este es el nombre gramatical cuando un mismo sentido está expresado en dos o más palabras diferentes. Los ejemplos más comunes son «subir para arriba» (el verbo subir ya contiene el sentido hacia dónde), «salir para afuera» (salir solo implica dejar un lugar delimitado) o «lo vi con mis propios ojos» (imposible ver algo con ojos ajenos, físicamente hablando).
Desde luego, la recomendación es evitar este tipo de obviedades. Sin embargo, las Academias de la lengua consideran válidas estas construcciones cuando la intención es dar énfasis, intensidad, a la afirmación: «¡Calla esa boca!, no digas tantas barbaridades».
Otras redundancias se dan por el desconocimiento del significado de los vocablos. Al respecto abundan casos como ‘erario público’, no existen los erarios privados; ‘lapso de tiempo’, el vocablo ‘lapso’ ya implica una temporalidad; ‘recuento de hechos’, el recuento ya implica recordar, traer al presente, sucesos; ‘coincidir en el mismo lugar y en la misma hora’, donde coincidir ya implica lugar y tiempo, porque no se coincide sin ambas condiciones; ‘testigo presencial’, por definición, ‘testigo’ es una persona que presencia un hecho.
En varios listados consultados por Internet incluyen ‘persona humana’. En este caso tengo una objeción. Si el contexto del documento no permite comprender otro sentido del vocablo ‘persona’, estoy de acuerdo. Sin embargo, si en el documento pudiera caber la posibilidad de darle sentido fiscal al vocablo ‘persona’ –donde hay personas físicas y personas morales–, entonces no cabría suponer que hay redundancia. Por el contrario, es muy prudente la precisión para evitar interpretaciones erróneas.
Por último, las redundancias por formato. Es común, particularmente en el sector Público —de donde la población toma como modelo— iniciar con «El que suscribe, fulanito de tal, director (o lo que fuere) de tal oficina…» cuando todos esos datos forman parte del escrito. Un documento oficial debe tener varias características para que tenga validez jurídica. Por principio, debe enunciar el cargo, área de adscripción e institución emisora. La ley establece las funciones (su ámbito de competencia) de cada servidor público. Por tanto, son redundancias anunciar el que suscribe si quien firma tiene el perfil jurídico para hacerlo. También suelen incluir frases como «Por medio de la presente, informo a usted…» o «Sin más por el momento…» (si hubiera más, habría otro párrafo).
La recomendación, escribir directo y preciso sin redundancias.
