Léxico patrimonial
La lengua es altamente dinámica. Vocablos nuevos aparecen, otros desaparecen y los que quedan, evolucionan. El idioma, en muchos aspectos, es de modas. Comparado el léxico generacional, se notan
palabras que no entienden una generación de la otra. Eso se debe a la gran dinámica social. Entre las influencias de otras lenguas –actualmente el inglés, pero ello cambiará cuando la economía dominante se traslade a otra cultura– y por el desarrollo tecnológico, los vocablos y sus interpretaciones surgen y se extinguen. Sin embargo, hay voces que han perdurado e, incluso, es posible rastrear su presencia hasta las raíces indoeuropeas, la madre de la mayoría de lenguas (con excepción de las americanas, orientales y el vasco). A esos vocablos se les conoce lingüísticamente como léxico patrimonial.
El léxico patrimonial es el conjunto de vocablos que pueden evolucionar pero que tienen presencia de uso en un idioma desde tiempos inmemoriales. Básicamente, la permanencia de un vocablo se debe a que los elementos físicos o conceptuales que le dieron origen aún se encuentran presentes en la sociedad. Mientras la cultura los requiera, el vocablo y sus derivados estarán vigentes. Cuando la sociedad cambia, desaparecen del idioma.
En este sentido, los pronombres personales pertenecen al léxico patrimonial porque es imposible que dejen de usarse (yo, tú, ella o él y sus plurales). Y como este caso, cientos. En tanto, los vocablos producto de la técnica (instrumentos de uso en una determinada época –como armas, aparatos musicales y tecnológicos–) por avances o modificación de las condiciones sociales, desaparecen al ya no ser necesarios o se transforman técnica y lingüísticamente.
Pongo como ejemplo el teléfono. En los primeros modelos era necesario para iniciar una llamada, «descolgar el auricular» del aparato colgado en la pared. El vocablo «descolgar» no es desconocido porque aplica en otros muchos casos, pero a las nuevas generaciones les es incomprensible cómo se vincula con la telefonía y, peor aún, no queda muy claro el término «auricular». Ya no digamos, «dar vuelta a la manivela para que la operadora o telefonista conecte con el otro teléfono». No hay una sola palabra extraña en el enunciado, pero no tiene mucho sentido actual la oración. Al evolucionar el teléfono, «discar» fue sinónimo de marcar los números del aparato receptor. Ese vocablo ya tampoco tiene sentido. Solo remato con la inexistencia actual de «cabinas» y lo incomprensible de decir: «ya le cayó el veinte». Si viajáramos en el tiempo, sería imposible charlar fluido con Miguel de Cervantes de Saavedra, por mucho español que sepamos.
La parte de la lingüística que estudia el lenguaje usado en las etapas históricas es la diacrónica. Esta materia aborda vocablos, su interpretación (porque muchos cambian de significado, como «huésped» que antes era el que hospedaba, no el recibido), construcciones y frases hechas. Gracias a la lingüística diacrónica distinguimos el léxico patrimonial. La lingüística sincrónica estudia la lengua en un período específico.
El léxico patrimonial, aunque es reducido en el diccionario, constituye el vocabulario más utilizado en el habla cotidiana (aproximadamente en el 80 % al hablar).
