Los -ismos de México
El sufijo -ismo es una terminación usada para formar palabras que denotan doctrinas, sistemas, escuelas, movimientos, actitudes, actividades deportivas o cualidades. Cuando se aplica a un topónimo (nombre propio de un lugar o región), entonces refiere un vocablo procedente de ese lugar.
Mexicanismos es el nombre usado por las Academias de la lengua para las voces originarias de México. Así también tenemos colombianismos, argentinismos, uruguayismos, etcétera. A los vocablos americanos se les distingue por el país procedente en general. Sin embargo, en España, baja al nivel de región, como en aragonismos, andalucimos, galleguismos. En México podríamos hablar –para mejor comprensión de las particularidades del español en nuestro país— de michoacanismos, veracruzanismos o sonorismos, por ejemplo. Las aportaciones de las lenguas locales a nuestra modalidad de español son vastas, gracias a que las lenguas originales no se han perdido, siguen vigentes y se mezclan cada vez más con el español.
Hay varios tipos de mexicanismos. La mayoría procede de lenguas nativas, pero también tenemos desvirtuaciones y nuevos cuños. De los primeros, contamos con productos que México aportó al mundo, como chocolate (el más famoso, por cierto), jitomate (¿qué sería de los platillos italianos sin él?), aguacate (abocado es una desvirtuación del náhuatl en inglés) y huracán (fenómeno meteórico de mayor potencia que los tornados o tormentas). Estas voces aparecen en todos los idiomas del mundo.
Menos populares, pero también en varias lenguas, tenemos, cacahuate (en España lo pronuncian como cacahuete), camote (tubérculo), charal (del tarasco charare, pececillo), chimuelo (sin dientes), chinampa (huerto flotante), cuate (mellizo, amigo íntimo), machote (no el aumentativo de macho, sino voz con sentido de guía o formulario para rellenar), metate (utensilio de cocina para martajar los alimentos hasta triturarlos), mitote (aspaviento), petate (esterilla de hojas delgadas de palma, para dormir sobre ella), tianguis (mercado), tiliche (el Diccionario la registra como origen desconocido, pero es voz chahita —grupo yaqui-mayo—). Tiza es un caso especial: procedente del náhuatl tízatl, ceniza blancuzca, y fue más usada en España que en México.
En los vocablos muy usados aquí y poco conocidos en otros países, tenemos charanda (del tarasco, un tipo de aguardiente), chichi (glándula mamaria, del náhuatl mamar; lo consignado en el diccionario oficial nada tiene que ver con el nahuatlismo), memela (del náhuatl mimilli, torta de maíz de forma gruesa y alongada).
Otro subgrupo serían desvirtuaciones de voces mexicanas como Churubusco (de Huitzilopochco) o Cuernavaca (de Cuauhnáhuac). Estas no están en el Diccionario, pero sí en cualquier catálogo geográfico o turístico nacional e internacional, pues son nombres propios de localidades.
Un nahuatlismo muy usado en Sudamérica, desconocido en México es galpón (de calpulli), para designar casas grandes.
Otras voces no procedentes de las lenguas originales, sino surgidas por desvirtuación o cuño novedoso son agüitarse (entristecerse), enchinchar (molestar: lo oficial es chinchar, de chinche), desgarriate (desorden), fayuca (contrabando), gachupín (despectivo para el español asentado en América), sope (torta de maíz, preparada con frijoles, queso y salsa), pozole (platillo picoso, caldoso, con maíz tierno y carne), engatusar (de engaratusar, ganarse la voluntad de alguien).
