Reyes Magos, etimologías
Pasaron hace apenas dos días y ya se les extraña. La tradición más esperada por los niños del mundo católico se origina por la cita de Mateo 2:1 al 12. En ella menciona a unos sabios de oriente que llegaron a adorar al niño Jesús. Sin embargo, el canon nunca menciona los nombres y estos los rescatan los primeros católicos de los textos apócrifos. Tampoco la cita bíblica menciona cuántos fueron. Hasta el siglo vii se unificó el número y los nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar.
La información aquí descrita es totalmente corregible. La tradición popular es la que ha consolidado la información más que fuentes documentales confiables o testimonios de testigos contemporáneos.
Melchor, según la tradición, procedía de Persia. Hay dos teorías sobre la etimología del vocablo Melchor. Una asegura que proviene del hebreo compuesta por los términos malkî o melek, que significa mi rey, y ôr, luz. Es decir, que su nombre se traduciría, según esta hipótesis como Rey de luz o Mi rey es luz. Según otros estudios proviene del persa, melk (rey) y quart (ciudad), es decir, Rey de ciudad. Fonéticamente está vinculado al nombre de la deidad fenicia Melkart. Melchor obsequió al niño Jesús oro porque este metal precioso es el símbolo de la realeza, en virtud de que se trataba del futuro rey de los judíos. Este rey mago representa la nobleza y toda la zona occidente, incluida Europa. Su montura fue el camello. Se le describe con tez y barba blancas.
El rey o sabio astrólogo que llegó desde la India es Gaspar. Su etimología al parecer es del vocablo persa kansbar, que se traduce como el administrador de tesoros. En hebreo también está la voz gizbar, con la misma traducción. Según la tradición, este sabio representa la riqueza y la prudencia administrativa. Su obsequio para el Niño Dios es el incienso, que se trata de una resina aromática usada en el culto, que simboliza la divinidad, santidad y el sacerdocio de Jesús. Se le describe como joven, pero unas tradiciones lo representan con barba castaña y otras sin ella. Llega montando un caballo asiático. La anatomía de este animal es diferente al europeo, pues es más pequeño, muy veloz y altamente resistente a las jornadas.
Baltasar procedía de África y algunas tradiciones lo consideran el rey de Etiopía. Su nombre, al parecer, procede del acadio y es teofórico, es decir, que contiene el nombre de la deidad Bēl, así como de los vocablos šarru, rey, y uṣṣur, protección. Ello genera una traducción como Dios protege al rey o Bel, protector de reyes. El obsequio que presentó al Niño Dios fue la mirra, una resina usada para embalsamar. Con ello, la tradición quiso simbolizar la naturaleza humana de Jesús, el sufrimiento, la pasión y su futura muerte como sacrificio para salvar a la humanidad de los pecados que arrastró desde la pérdida del Paraíso.
En la catedral de Colonia, en Alemania, hay tres féretros con estos nombres. Según la tradición, son sus cuerpos llevados ahí por los cruzados.
