Por qué sustantivo
Mediante el vocablo sustantivo, la gramática designa a personas, animales, cosas y conceptos (más adelante preciso este último subconjunto) de forma genérica. El nombre es el producto de una propuesta de un filósofo que fue bien acogida y convenció al resto de estudiosos que se trataba del término idóneo para ese conjunto. Es un vocablo aplicado a partir de una reflexión para referirse a lo fundamental, lo sustancial. En efecto, la etimología de sustantivo procede de sustancia y en gramática suele ser –aunque no en exclusiva– el protagonista del enunciado.
La palabra sustancia, del que se derivó sustantivo, proviene del latín substantivus, que significa «que tiene existencia propia». Esta idea se deriva de la filosofía de Aristóteles, quien distinguía entre la sustancia, que implica lo que es en sí mismo –como una persona, un perro o una mesa– y los accidentes o modalidades de ese elemento sustancial –como sus cualidades: color, tamaño o su dulzura, como en el caso de una fruta–. Para Aristóteles lo sustancial existe amén de lo que le rodea. Es decir, ubica su presencia independiente de lo que le caracteriza como el color, sabor u olor que dependen de un soporte material. Y fue este último concepto lo que derivó en lo que siglos más tarde sería el enriquecimiento romano a la gramática.
En la Gramática académica al sustantivo también se le llama nombre (nomen en latín). Fue Dionisio de Tracia, en Roma, quien en el siglo I d.C. enunció las bases de la gramática y definió al nombre como la parte de la oración que designa un cuerpo o una cosa. Por siglos, los gramáticos distinguían nombre sustantivo (el objeto en sí) y nombre adjetivo (la cualidad que se le añade). Con el tiempo, se redujo el término simplemente a sustantivo para designar a los objetos y sujetos en sí mismos y, por supuesto, adjetivo a su cualidad.
El uso del vocablo sustantivo para distinguir este conjunto de otras categorías responde a las necesidades semántica y clasificatoria. Mediante el término sustantivo se designa entidades concretas (ejemplifico con la palabra edificio) e inmateriales (el vocablo idea, por ejemplo) que tienen existencia real o figurada y de la que se puede enunciar algo: «Esa idea para el edificio es excelente».
En este enunciado es posible distinguir elementos específicos, sustanciales (idea y edificio) de otros vocablos que caracterizan, matizan o configuran a los sustantivos. De ahí que la clasificación sirva para la organización del pensamiento. Al nombrar elementos materiales o inmateriales, el lenguaje les otorga una identidad propia, singular, dentro de un conjunto de vocablos y les da clase o especie.
Con ello, queda claro que llamarle sustantivo crea una base de comunicación de la cual partir para entender un enunciado. Sin sustantivo, no hay sujeto o elemento del que enunciar, decir o predicar algo en la oración. Es la palabra que sostiene toda la información que queremos transmitir.
Finalmente, acorde con párrafos anteriores, los sustantivos concretos son materiales y los sustantivos abstractos son inmateriales, pero esenciales para expresar algo de ellos.
