Por qué interjección
La gramática aplica este vocablo para todas aquellas palabras que reflejan estado de ánimo, es decir que son exclamaciones. Ello significa que no son tomadas de forma literal, sino como expresión de un momento emocional intenso. Muchas de ellas, en otros contextos pueden tener un significado (¡sopas!, ¡anda!), pero se intercalan en las oraciones para manifestar nuestros sentimientos.
La gramática recurre al vocablo interjección porque en la práctica se refiere a lo que «lanzamos» de forma paralela a nuestra comunicación verbal, organizada. Por su etimología, es un derivado del participio latino interiectus (que se traduce algo así como interpuesto). El verbo original es intericere, que lo integra el prefijo inter- (con significado de entre) e iacere (lanzar o echar). De ahí que se refiera a palabras o sonidos introducidos en una frase para reflejar emociones y no significados.
Las interjecciones o exclamaciones son un mundo de vocablos. Los hay de todo tipo. Como reflejan sentimientos y estos los hay de muchas formas, además con infinidad de matices e intensidades, pues las exclamaciones también.
Algunos son aplicados por todos los hablantes del español (como ¡bah!, para reflejar fastidio) y otras son muy locales (¡güey!, es muy propia de México).
Se clasifican como propias e impropias, dependiendo de su origen. Es decir, si fueron creadas como exclamación desde su aparición (como ¿eh?, cuando no captamos algo con seguridad) son propias. Por su parte, son impropias cuando tienen un origen en vocablos existentes y poco a poco de forma social se asumen como exclamación, como cuando en España dicen ¡anda!, sin el ánimo de dar la orden de caminar. Las hay también de origen onomatopéyico, es decir, que se crearon imitando un sonido. Ejemplos son ¡achís! (estornudo), ¡paf! (golpe), ¡guau! (ladrido), ¡uf! (alivio) y ¡zas! (acción rápida). Algunas de estas interjecciones onomatopéyicas han pasado a formar alguna palabra, aunque la mayoría sigue con valor independiente a los enunciados. Ejemplo de ello: «El crack del 29», donde la interjección crack representa un sonido de rompimiento y ha pasado a formar parte de los sustantivos.
También puede ser una sola palabra ¡puaj! (para denotar asco), o varias, ¡no manches! (para reflejar incredulidad).
Suelen estar acompañadas o no de los signos exclamativos (¡!) y en menor ocasión de los interrogativos, sin ser estrictamente pregunta, ¿sí?
Ortográficamente, para reflejar mayor intensidad pueden estar acompañados por mayor número de signos admirativos: ¡¡¡no!!!, o por el alargamiento de alguna vocal: ¡noooooooo! En caso de la repetición de signos suele ser hasta tres (las Academias no recomiendan mayor número); pero en la repetición de una vocal, no existe límite, aunque conveniente es considerar que un número elevado resulta incómodo en la lectura porque se abandona la palabra.
Si la vocal por repetir le corresponde acento gráfico, este debe aparecer en cada ocasión que se repita: ¡sííííí!
De forma popular, la gente prefiere llamarles exclamaciones. El vocablo interjección al que recurre la gramática no es tan usual. Además, nos llega del francés. Es decir, que originalmente fue un galicismo.
