Leer
El vocablo leer etimológicamente tiene el significado de escoger. Es decir, se trata desde su origen de un acto consciente de selección de un texto con el propósito de desentrañar lo que enuncia.
El pasado 24 de agosto se celebró el Día internacional del lector, ese extraño ser, cada día más raro, que escoge textos para descifrarlos. ¿Y para qué hace algo que cada día es más singular? Jorge Luis Borges, escritor argentino, teoriza en que se trata de un intento de ser feliz. Borges asegura que la selección de la lectura es un proceso consciente que pretende que lo desentrañado de los trazos tengan un efecto balsámico en el ánimo de la persona para encontrar felicidad.
Este bonaerense parte del supuesto que una de las alternativas para ser feliz está en la lectura. Sin embargo, la mayoría demuestra lo contrario: un muy buen porcentaje de la población se resiste a la lectura y, cuando está obligado escolarmente a hacerla, la padece. El propio albiceleste responde al respecto: nadie está obligado a ser feliz. Ser feliz es una opción. Y si alguien decide no tomar la felicidad, está en su soberano derecho. Así leer cumple a cabalidad con su etimología.
¿Y es que, acaso, descifrar trazos y rasgos tiene algún efecto sobre el ánimo?
Leer no nos viene de naturaleza, no es una habilidad que recibamos genéticamente. Se trata de un ejercicio de adaptación social (que algunos desdeñan y, no obstante, logran sobrevivir) que tiene múltiples beneficios: nos ofrece alternativas para mejor desenvolvernos en sociedad (aunque, insisto, para algunos eso valga poco). La adaptación social, y en eso sí estamos marcados genéticamente, nos identifica con los demás integrantes de la sociedad. Ello ofrece al ánimo tranquilidad, seguridad, salud y afecto. Y si entendemos la felicidad como el estado de ánimo gozoso en donde se involucra la sensación de tranquilidad, seguridad, salud y afecto, entonces la adaptación social es algo muy cercano a la felicidad… pero sigue siendo optativa, una decisión estrictamente personal.
Todos podemos apreciar que algunos individuos en sociedad son más felices que otros. Sin romantizarla, es posible observar que buena parte de la felicidad radica en que la persona se desenvuelva sin complicaciones en sociedad. Es decir, que tenga resueltas sus necesidades afectivas (ello en primer lugar, de lo contrario: muere), en lo económico y en su movilidad ambiental. No requiere para ello estar eufórico a cada instante. Es más, eso, además de agotador (se requiere mucha energía), es pasajero y la felicidad es preferible como una constante.
Pero esa felicidad no llega sola: exige del individuo un esfuerzo para encajar en lo que la propia sociedad exige. Por lo tanto, la felicidad, como algo que se escoge, coincide en el fondo con leer y obliga a un esfuerzo.
La lectura, con la práctica, aumenta las habilidades de reflexión, previsión, deducción y disfrutar más de una vida. Por cierto, el 24 de agosto, pero de 1899, fue el día en que nació Borges. Por ello, es el Día de lector, fecha para ser feliz.
