La vida humana debe ser respetada y protegida de modo absoluto desde el momento de la concepción: obispos del Bajío
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Comunicado de la Provincia Eclesiástica del Bajío: León, Irapuato, Celaya y Querétaro
A los fieles católicos, a los hombres y mujeres de buena voluntad y a la sociedad en general:
Les saludamos con afecto fraterno, en este tiempo de Cuaresma que nos invita a la conversión del corazón y a la renovación de nuestra responsabilidad cristiana en la vida personal y social. Al acercarnos a la solemnidad de la Anunciación del Señor, contemplamos el misterio de la Encarnación: el Hijo eterno de Dios asumió nuestra naturaleza humana en el seno de Virgen María. Desde ese instante, la historia humana quedó irrevocablemente marcada por la dignidad incomparable de toda vida concebida. El “FIAT” de María nos recuerda que cada existencia humana es querida por Dios, llamada a una vocación y portadora de una dignidad que no depende de consensos sociales ni de mayorías legislativas.
La Iglesia ha enseñado de manera constante que la vida humana debe ser respetada y protegida de modo absoluto desde el momento de la concepción. Así lo reafirma el Magisterio, de manera particular en la encíclica Evangelium Vitae de San Juan Pablo II, donde se recuerda que ninguna circunstancia, finalidad o ley puede legitimar la eliminación directa de un ser humano inocente.
Esta convicción no se fundamenta únicamente en la fe, sino también en la razón. El reconocimiento del derecho a la vida es un principio de derecho natural, anterior y superior al Estado. Los derechos humanos no son concesión de la autoridad política; son exigencias derivadas de la dignidad intrínseca de la persona. Así lo recuerda El documento Dignitas Infinita, publicado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en 2024: “La sociedad está 2 llamada a reconocer, proteger y promover la dignidad de cada persona, especialmente de los más débiles y vulnerables”. Por ello, la protección jurídica de la vida humana en todas sus etapas constituye un pilar esencial de cualquier ordenamiento que aspire a la justicia.
Ante las iniciativas actualmente en análisis en el Congreso del Estado de Guanajuato, particularmente aquella que pretende eliminar de la Constitución estatal la referencia explícita a la protección de la vida, manifestamos nuestra profunda preocupación. Eliminar la protección constitucional del derecho a la vida no es un acto neutral: implica modificar el fundamento axiológico del orden jurídico local. Convertir el aborto en supuesto “derecho” supone redefinir el alcance del sujeto de derechos y alterar el principio básico de que todo ser humano merece tutela jurídica.
Desde una perspectiva constitucional, el derecho a la vida es presupuesto de todos los demás derechos. Sin vida, ningún otro derecho puede ejercerse. Debilitar su reconocimiento genera una fractura en la coherencia del sistema jurídico. Asimismo, exhortamos a que cualquier deliberación legislativa se realice con pleno respeto al principio democrático, al bien común y a la participación informada de la ciudadanía. Las decisiones que afectan el núcleo de la dignidad humana deben ser abordadas con máxima responsabilidad histórica y jurídica.
La defensa de la vida no puede reducirse a la oposición a una reforma legal. Es indispensable promover políticas públicas que:
Acompañen integralmente a las mujeres en situación de vulnerabilidad.
* Garanticen apoyo médico, psicológico, jurídico y social.
* Faciliten redes solidarias y alternativas reales.
* Combatan las causas estructurales que generan abandono y desesperanza. No se trata de elegir entre la madre o el hijo. Ambos poseen igual dignidad y merecen protección efectiva del Estado y de la sociedad.
Convocamos a nuestras comunidades a intensificar la oración por la vida y por quienes tienen la responsabilidad de legislar. Invitamos también a fortalecer la formación de la conciencia, promoviendo espacios de estudio, diálogo y participación responsable en la vida pública. Dirigimos un llamado especial a sacerdotes, agentes de pastoral y fieles laicos para que, desde su vocación propia, contribuyan a la construcción de una auténtica cultura de la vida. La presencia cristiana en la sociedad no es una injerencia indebida, sino el ejercicio legítimo de la libertad religiosa y de participación ciudadana.
Hoy más que nunca como Iglesia necesitamos anunciar con claridad la verdad sobre persona humana y que, al mismo tiempo, actúe con caridad, prudencia y firmeza.
Confiamos nuestros esfuerzos a la intercesión maternal de Nuestra Madre Santísima de la Luz, Nuestra Señora de la Soledad, Purísima Concepción de María y Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, para que sepamos responder con fidelidad al Evangelio de la vida.
Atentamente,
+Mons. Jaime Calderón Calderón Arzobispo de León
+Mons. Enrique Díaz Díaz Obispo de Irapuato
+Mons. Fidencio López Plaza Obispo de Querétaro
+Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma Obispo de Celaya
