“La Llorona de La Planetaria” en Villagrán

La Llorona

Sergio Hernández N.

Villagrán, Gto., 1 de noviembre de 2026.- Una vieja leyenda que se creía extinguida con el paso de los años y que al comenzar el siglo XXI se creyó extinta, resurgió de nueva cuenta, y es que, en Villagrán, algunas personas comentan que por algunas noches escuchan fuertes lamentos, aunque sin distinguir palabras, dicen que puede ser la mítica “Llorona”.

La vieja leyenda, que comenzó por lo menos 10 años antes de la llegada de los españoles, se recuerda ahora cuando por influencia de los gringos, en muchas partes de México adoptaron la costumbre de pedir “calaverita”, -que en inglés dicen “Truc o Trik”- en el “Día de brujas”, o más conocido como Halloween.

Incluso, en hechos históricos presentados en estas columnas de los insurrectos Julián y “Chito” Villagrán, se encontró que algunos cronistas de 1810-1811, decían que los soldados escucharon a la Llorona en Calpulalpan y Villa del Carbón, precisamente la noche del asalto al Obispo Cabañas.

A lo largo de los años, la leyenda de la Llorona se cuenta de varias maneras, de acuerdo con la imaginación de las personas y tradiciones familiares, en las que normalmente decían que escuchan el grito de ¡Ay mis hijoooos…! con gran lamento que desaparece en la lejanía, y deja en la piel china por el gran temor que infunde.

Sin embargo, en una de las tradiciones antiguas de los nativos de México, descrita por Fray Bernardino de Sahagún en su Historia General de las Cosas de Nueva España, señala en su libro Primero, “la creencia de dioses que adoraban los naturales de esta tierra que es la Nueva España” es mucha y variada.

En su capítulo VI dice que la primera de estas diosas se llamaba Cihuacóatl. “Decían que esta diosa aparecía muchas veces, como una señora con atavíos o vestida como se usan en palacio”. Decían que de noche voceaba y bramaba en el aire; esta diosa se llamaba Cihuacóatl, que quiere decir “Mujer de la Culebra”.

“Los atavíos con los que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente”.

“Decían que también llevaba una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella, y se ponía en el tianquiz -tianguis- entre las otras mujeres, y desapareciendo dejaba allí la cuna. Cuando las otras mujeres advertían que aquella cuna estaba allí olvidada, miraban lo que estaba en ella y hallaban un pedestal como hierro de lanzón, conque ellos mataban a los que sacrificaban y en esto entendían que fue Cihuacóatl la que la dejó allí”.

Fray Bernardino de Sahagún también señala que por lo menos unos 10 años antes “de las señales y pronósticos que aparecieron antes de que los españoles viniesen a estas tierras, ni hubiese noticias de ellos, apareció en el cielo una cosa maravillosa y espantosa”.

“Y es, que pareció una llama de fuego muy grande y muy resplandeciente, parecía que estaba tendida en el mismo cielo, era ancha de la parte de abajo, y de la parte de arriba aguda, como cuando el fuego arde. Esto duró un año cada noche y todos sospechaban de un gran mal”, aunque hasta aquí no informa de ninguna mujer “llorona”.

Al parecer la leyenda creció con el paso del tiempo, luego de que se concretó la mezcla racial, pues durante los primeros tres siglos se cuentan numerosas leyendas de la “Llorona” por gran parte del país, y las coincidencias son similares: Lamentos y los gritos de ¡Ayyy mis hijosss! De una mujer vestida de blanco y flotando desaparece en la oscuridad.

Ahora en tiempos recientes, algunas personas dicen que, en calles de la colonia Planetaria, escuchan algunas noches lamentos y quejidos pero

sin palabras, que comienzan suaves y luego fuertes, para desaparecer a lo lejos, que les deja miedo y espanto.

No precisaron en cuáles calles se escuchan los lamentos que se le atribuyen a “la Llorona de La Planetaria”, aunque señalan que se pierden entre la oscuridad de los terrenos baldíos colindantes con la colonia.

 

 

 

 

 

 

 

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