Helado oscuro
El lado oscuro de la fuerza es… la pereza. Implica dejarse vencer por la debilidad de no investigar o verificar si un vocablo, o el conjunto de ellos, enuncian lo que buscamos expresar. La ortografía no es un ejercicio académico o de prestigio. Su propósito es que nuestros textos no sean mal interpretados, entendidos de una forma diferente a la que pretendimos.
Según la inteligencia artificial, el mayor número de errores en la escritura en español se debe a la homofonía (sonido similar en vocablos o construcciones) y al desconocimiento de cómo se usan los acentos gráficos (tilde). Es decir, por una parte, escribir como suena algo y no verificar si la ortografía es la correcta. Son casos como a ver / haber («haber cómo nos va», el más común según la misma fuente); ahí / ay («Ay en el clóset está»); halla / haya («No la hayo»); y/ll («Ya estoy llendo»), así como la ausencia o presencia de la h, como encabecé esta colaboración. Y, por la otra, a escribir una palabra sin aplicar las reglas de acentuación gráfica: «Dirección de Transito Municipal» (existe tránsito con y sin acento gráfico, pero obviamente cada uno refiera a algo diferente).
El español es uno de los pocos idiomas en el mundo que se escribe como se pronuncia. En otros idiomas, una misma grafía puede representar varios sonidos. Por ejemplo, en inglés la vocal a puede ser pronunciada de doce formas distintas (como si apareciera con otra vocal y alargada o breve). Y esto se presenta con todas las vocales y en varias consonantes en ese idioma.
En español no sucede eso. Cada sonido en nuestra lengua puede ser representado por una letra y solo hay un caso donde un sonido se expresa por tres trazos diferentes (k, c, q) y exclusivamente la consonante x puede pronunciarse mediante cuatro sonidos distintos (j, sh, cs, s).
¿Por qué no, entonces, unificar todo a un sonido por grafía o letra? No es tan sencillo como parecería. Aunque muchas personas suponen que las Academias de la lengua son quienes dictan las normas de escritura, no es así. Estas residen en los propios hablantes. Es decir, si el conjunto de hablantes acepta una modificación (provenga de los propios hablantes o de alguna institución), se modificará el idioma; si la mayoría no se muestra proclive, se rechaza. Es el caso de una norma en 1814 de la Real Academia Española que quitaba a la X el sonido j. Así, Méjico debía escribirse con J. La norma fue fallida. Actualmente, e incluso en otros idiomas, México sigue como preferente.
A ello se debe agregar que la diferencia también marca el significado: echo es de echar (como cuando se tumba una res) y hecho es de algo elaborado («Hecho en México»); cima describe una cúspide y sima un hoyo profundo. De ahí lo importante de la ortografía.
Con los acentos pasa lo mismo. No es lo mismo enunciar «Sufro por la pérdida de mi esposa», lo que me hace viudo, a… dejar de usar la tilde.
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