Feria del Libro de la UG

Columna Diario de Campo
Luis Miguel Rionda (*)
Hace 67 años, en 1958, se realizó la primera Feria del Libro de la Universidad de Guanajuato. Supongo yo que se montó en el patio de estudios del edificio central. No lo he podido confirmar, pero es de asumir que se trató de una exhibición no muy grande, con pocas editoriales y fondos. Pero su importancia residió en que, aunque no fue de las primeras ferias del país, ha logrado mantener su continuidad, por lo que es hoy la más antigua. Encontré que hay algunos antecedentes de estas ferias: la primera tuvo lugar en el Palacio de Minería en noviembre de 1924, organizado por la SEP y Jaime Torres Bodet; la violencia de la época impidió que el evento tuviera secuelas. En abril de 1942, en plena guerra mundial, se realizó la siguiente feria del libro con el apoyo del Departamento del Distrito Federal. Fue seguida en mayo de 1943 por la Feria del Libro y Exposición Nacional de Periodismo, en la Plaza de la República, con su secuela en 1945. Luego se realizó la Feria del Libro Mexicano de diciembre de 1947 en la Alameda Central y la Feria del Libro Universitario, ambas en la Ciudad de México.
En los años cincuenta las ferias aún no lograban mantener su periodicidad, y se iniciaron algunas en las instituciones universitarias de los estados (https://t.ly/MoVDq). Entre ellas la de la UG, que se mantuvo incluso en tiempos de pandemia.
¿Cuál ha sido el secreto de su longevidad? Las personas que han tenido la responsabilidad de mantenerla, incluso en tiempos aciagos, como los ochenta, cuando la industria editorial nacional cayó en una profunda crisis. El rector fundador de la Feria fue el escritor y humanista Eugenio Trueba Olivares, quien siempre tuvo un gran interés por fomentar la actividad editorial local. Eso lo impulsó a fundar la Librería Universitaria en 1958, bajo la conducción de mi padre, Isauro Rionda, que la dirigió hasta 1967. Ese cargo le posibilitó acompañar las primeras ferias, que se trasladaron al patio de la Santísima Trinidad, entonces todavía Escuela Preparatoria. Más adelante, mi padre tuvo un papel más central al ocupar el cargo de jefe del Departamento de Acción Social y Cultural de la UG en 1970, y a partir de 1973 como director general de Cultura Popular del Gobierno del Estado, hasta 1977. Por eso yo no podía evitar la visita anual a la Feria del Libro en compañía de mi padre, expediciones que me permitieron iniciar mi propia biblioteca personal.
Guanajuato no carecía de oferta libresca. Existían al menos cuatro librerías que yo recuerde: la universitaria, La Esperanza de don Alfonso Cue de la Fuente, El Gallo Pitagórico de don Guadalupe Herrera, y la Librería Moderna. En los setenta se unió la de Cristal. Pero la feria universitaria, que se llegó a instalar en diversos lugares como el Jardín Unión, el Jardín Reforma, el Mesón de San Antonio y la Escuela de Ingeniería, era el culmen en épocas cuando adquirir libros era motivo de viaje a la ciudad de México.
La feria se ha enriquecido con la confluencia del Festival Cultural Universitario y la emisión del premio de literatura Jorge Ibargüengoitia. Mucho me alegró saber que en esta octava edición el premio fue concedido a Enrique Serna, uno de mis novelistas favoritos. Ojalá que un día se le otorgue a Jorge F. Hernández, a quien le debemos La Soledad del Silencio, microhistoria del santuario de Atotonilco, en San Miguel de Allende.
(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda