Chispitas de lenguaje jueves

Hace unos días tuve el gusto de ser invitado a una universidad a dar una charla sobre lo importante de saber comunicarnos (gracias licenciada Araujo). Inicié la conferencia con la alexitimia. Esta es la «dificultad significativa para identificar, comprender y expresar verbalmente las propias emociones y las de los demás, lo que resulta en una notoria pobreza del lenguaje emocional», como lo define una sencilla búsqueda en Internet.

La alexitimia no es un trastorno mental, es un rasgo de personalidad. Es decir, que no estamos frente a un padecimiento psicológico sino frente a un producto de la interacción interpersonal con un ambiente que propicia el desinterés por el lenguaje. Se trata de un ambiente que facilita hablar con poco vocabulario, que menosprecia la ortografía, que desconoce los diversos significados de una palabra y que, por supuesto, es enemiga del análisis, la reflexión, la discusión ordenada y el sentido crítico.

La alexitimia es estudiada por la psicología principalmente porque se presenta en personas con poca profundidad para manifestar y comprender estados emocionales. El alexitímico solo suele entender extremos como feliz o infeliz, sin identificar o reconocer los diversos matices de una condición emocional.

Es decir, con un vocabulario más amplio y con un conocimiento más profundo de los diversos significados de las palabras, no solo podría expresar la intensidad alta, baja, poca o nula de una condición emocional; también podría entenderla a cabalidad. Recordemos que un principio básico de la comprensión de uno mismo está en la habilidad de expresar las emociones que experimentamos (habilidad para simbolizar lingüísticamente).

El lenguaje no solo es un instrumento para entender la realidad externa. Todos sabemos que es el más eficiente instrumento para trasmitir un conocimiento de una persona a otra. Es cierto que mostrar es una fórmula efectiva. Pero cuando se acompaña de una explicación que abarca no solo el hecho mostrado, sino las razones; entonces el conocimiento se torna mucho más profundo y duradero.

Ello se debe a que el lenguaje sirvió desde su origen para conceptuar, esto es, para imaginar o visualizar sin tener frente una realidad.  Sin esa capacidad comunicativa que propició la colaboración, el homo sapiens no habría sobrevivido y, por ello, seguramente, las otras especies de seres humanos se extinguieron (seis más, se sabe hasta ahora, entre ellas el cromañón).

Todo trastorno psicológico solo puede surgir si se verbaliza. De ahí que en psicología el lenguaje sea una herramienta fundamental para aproximarse a los sentimientos personales y su afectación en la vida cotidiana. Incluso, cuando ha emergido y externado, deja normalmente de ser un punto de conflicto (catarsis).

Y, desde luego, si se es incapaz de comprender los sentimientos propios, menos aún los de los demás. Es decir, la empatía se reduce. Buena parte de la indiferencia social a los problemas de los demás, radica en ello.

La alexitimia debería ser una preocupación no solo de la psicología, también de la política, sociología, antropología social, economía y de la comunicación, por supuesto. Si no le ponemos nombre al problema y comprendemos su repercusión, difícil combatirlo.

sorianovalencia@hotmail.com

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