El lento paso insurgente de Celaya a Villagrán tuvo sus razones por discrepancias entre Hidalgo y Allende (*)

Insurgentes en camino de Celaya a Salamanca.

Insurgentes en camino de Celaya a Salamanca. Imagen creada por Google Inteligencia Artificial.

Sergio Hernández N.

Villagrán, Gto., 27 de septiembre de 2026.- Luego de la estancia de dos días en Celaya, donde a mano alzada se dieron los nombramientos de Capitán General a Miguel Hidalgo; a Ignacio Allende como Teniente General y a Aldama como Mariscal, y se ordenó crear el Ejercito Insurgente, la gente que se levantó en armas el  16 de septiembre de 1810 en el pueblo de Dolores continuaron su camino, después de la misa dominical del día 23, rumbo a Salamanca y pasar por el “Guaje”, con mucho retraso del que se tomaría normalmente.

Las razones fueron porque la mayoría de los seguidores cargaban los artículos que se robaron de las casas de los españoles, que días antes huyeron a Querétaro asustados por la turba, y entre ellos iba el arquitecto Francisco Eduardo Tresguerras.

Por cierto, en intento de saqueo a una casa, se registró el primer muerto de la independencia, cuando una turba quiso entrar a la de un español, en el primer cuadro de la ciudad, pero uno de los vigilantes disparó y mató a un hombre.

Según las crónicas de ese tiempo, el retraso para llegar a El Guaje primero y a Salamanca después, se debió a que la muchedumbre con carretas y mulas cargadas con artículos robados, hubo hombres también que arreaban animales que sacaron de los corrales de las casas de españoles, como marranos, guajolotes y gallinas, que al recorrer el camino hicieron la marcha más lenta.

Pero los saqueos no comenzaron en Celaya, la turba desde su llegada a San Miguel el Grande, lo hicieron en las tiendas para robar fardos de géneros de telas finas, y de casas particulares sacar baúles de ropa fina, y con ello provocaron el inicio del distanciamiento entre Allende e Hidalgo, pues mientras el primero, con formación militar, reprobaba los robos y más, porque fueron contra personas que conocía como vecino y familiares, el cura los solapaba al minimizarlos.

Un pasaje histórico fue que cuando Allende vio en las calles que hordas hacían los robos, montó en su caballo, tomó su sable y comenzó a repartir “sablazos” entre la gente y eso provocó que se quejaran con Hidalgo, con la amenaza de que desertarían y ya no seguirían en el movimiento, pero Hidalgo pidió Allende ser tolerante por el bien del movimiento.

Sin embargo, la discrepancia se agudizó poco más cuando la turba nombró a Hidalgo Capitán General y Allende teniente General, entendiéndose que la gente al que seguía era al cura, aunque nada supiera de enfrentamientos armados. El tiempo le dio a Allende la razón, pues la historia registra errores garrafales con pérdidas de batallas, porque “el pinche cura” -como lo comentó Allende varias veces-, no quería atender las acciones militares que le proponía.

El trayecto de Celaya al Guaje, aunque se recorría en horas, tomó todo el día, por el arreo de los animales y el paso lento de las mulas y carretas cargadas con diferentes artículos sustraídos de las casas de los europeos, como los señala Luca Alamán.

Algunos de los artículos fueron saqueados en Celaya, así como dos talegas con monedas de plata -que robaron de la Casa del Diezmo-, otros ya los traían desde San Miguel. En carretas y a lomo de mula, llevaban fardos de géneros robados de las tiendas del portal, cajones de loza y rollos de paño.

En morrales llevaban plata labrada, candeleros, cubiertos, gallinas y cerdos vivos, que agarraron de los corrales de casas de los españoles, que llevaron arreando, y por eso se dice que tardaron mucho tiempo para cruzar por el Guaje y llegar a Salamanca, en donde se registrarían nuevos saqueos.

(*) NOTA

Tal vez la crónica esté muy “cruda” para lo que nos enseñaron en la escuela con la Independencia, pero más bien son algunos detalles que se omitieron para dar matices más puros para los héroes, pero la realidad fue que la gente ignorante del pueblo que nunca tuvo nada, estaban resentidos con los españoles que los maltrataban como patrones, y vieron la oportunidad en muchos casos, de robar y vengarse con degüellos y fusilamientos, y sin recibir castigos, como lo narra la historia.

 

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