Chispitas de lenguaje

Hay muchas palabras en español que no corresponden a su origen etimológico. Es decir, que con el paso del tiempo, una palabra ha llegado a significar algo totalmente diferente del original. A este fenómeno social se le llama ‘cambio semántico’.

Un caso muy interesante es el vocablo ‘formidable’. Esta voz actualmente tiene una connotación positiva porque se entiende como magnífico, excelente, genial. Sin embargo, procede del latín formidabilis, que en Roma se aplicó a algo terrible, pavoroso, que infunde miedo.

Otro caso de cambio semántico lo experimentó el vocablo bizarro. Su significado moderno nos viene del inglés y aplica para algo extraño, diferente, poco común. Sin embargo, por su etimología se refiere a alguien valiente osado, atrevido.

El vocablo Villano en la actualidad se aplica para referirse a alguien malvado, ruin, de intenciones perversas. Sin embargo, su origen fue como nombre genérico para quienes habitaban las villas, poblados pequeños donde habitaban básicamente campesinos. El prejuicio de las clases sociales superiores en la Edad Media fue haciendo que esta voz terminara por tener el significado moderno.

Un vocablo que su significado actual no guarda relación en absoluto con su origen es la palabra álgido. Actualmente aplica para el momento crucial, crítico, más intenso. Sin embargo, esta voz proviene de latín algidus que aplicó para referirse a algo frío, con temperatura baja.

Inicia septiembre. Este vocablo procede del latín y significa ‘séptimo mes’ (septem). Sin embargo, en nuestro calendario es el noveno. ¿Por qué sucedió eso? En el año 153 a. C. los romanos añadieron dos meses iniciales y así pasó a ocupar el noveno. Se dejó el nombre para ya no crear mayor confusión en la población.

Un caso muy singular corresponde al vocablo azafata. Esta voz nos llegó por el árabe y originalmente fue al-safat. Con este término se conoció un cesto o bandeja de mimbre donde las mujeres depositaban sus joyas cuando debían entrar a algún sitio que no estaba permitido lucirlas. Con el paso del tiempo, se extendió o empezó a aplicarse también a la mujer del servicio que hacia la labor de recoger las joyas para resguardarlas. Actualmente, es el vocablo que designa al personal de servicio de los aviones.

De forma extraña, el vocablo retrete no tuvo origen con algo relacionado con los muebles de baño. Este vocablo nos llega del catalán. Con la palabra retrete se designaba un cuarto pequeño y aislado que básicamente servía para aislarse con el propósito de estudiar o de meditar. Al catalán llegó procedente del latín retractum, que significa alejado, retirado. En la actualidad, aplica para el mueble de baño conectado al sistema de desagüe y que está diseñado para recibir los excrementos.

Procedente del náhuatl, tenemos el vocablo aguacate. Hoy aplica para un fruto cremoso de color verde, de sabor delicado. Etimológicamente, fue ahuacatl y aplicó para designar a un testículo. Por su forma, fueron los mismos habitantes de Mesoamérica que empezaron así a llamar al fruto. Por ello, con la conquista, al conocerlo los europeos mantuvieron su nombre.

sorianovalencia@hotmail.com

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