Chispitas de lenguaje

El vocablo ‘efeméride’ (también usado en plural) nos viene del griego. Su significado original es «de un día» o «diario». Esa misma voz fue incorporada al latín y el vocablo actual nos llega del acusativo que varios autores latinos desde el siglo I a. C. lo usaban ya para señalar fechas para recordar o rememorar algún acontecimiento significativo. En este sentido es como se utiliza actualmente en español.

La efeméride de hoy es que hace 505 años da término la conquista de México Tenochtitlan al ser capturado el último tlatoani (mal traducido como rey) de la cultura mexica, Cuauhtemoctzin, quien encabezaba la resistencia contra las embestidas españolas y sus aliados.

Una de las características principales de la cultura autóctona es que valoraba las palabras, las tlatolli. Las consideraba el alma de los seres humanos. Los vocablos no solo tenían el mérito de nombrar elementos de la realidad ‒sea concreta o imaginaria‒. Su intención era llevar al pensamiento y la reflexión más allá de lo estrictamente material. Es decir, obligaba al usuario del idioma a analizar, valorar y relacionar diferentes aspectos y con ello comprender mejor su entorno.

De ahí que el vocablo ‘Tenochtitlan’, el nombre de la ciudad que un día como hoy cayó, ha quedado sin resolver a cabalidad su significado profundo. Hay varias versiones. Una de ellas apunta a que ese nombre fue tomado porque ello implicaría que era la ciudad del sacerdote Tenoch. No obstante, a pesar que ello se acepte, sigue sin conocerse su significado profundo. Además, no es congruente con la cultura mexica: no hay paralelo o antecedente de una costumbre similar, para que simplemente quede como la Ciudad de Tenoch.

Según otra versión, más aceptable, la primera parte viene de tetl, que es el nombre genérico de ‘piedra’ en náhuatl. El segundo elemento, nochtli, es referido al fruto del nopal que aquí llamamos ‘tuna’. Por último, la terminación tlan es un sufijo que implica abundancia. En una traducción literal implicaría el lugar donde abundan las piedras y las tunas, un tunal pedregoso. Sin embargo, debemos recordar que el lenguaje náhuatl tenía mucho de metafórico. Por ello, cobra sentido que el códice Borgia suponga que implica más el Corazón de la Tierra.

Esta última interpretación tiene mayor sustento si consideramos el propósito que tenía la cultura mexica: ­ser guardianes del Cosmos a partir de proteger y fortalecer al Quinto Sol. Cobra sentido que los mexicanos primigenios consideraran su ciudad como el Centro del Universo (cem-anahuac), Corazón de la Tierra (Tenochtitlan) y el Punto desde donde parte todo el conocimiento y sabiduría de los dioses, (México).

Honremos entonces esta memoria. Hace un poco más de medio milenio fue derrotada la ciudad considerada el punto desde donde debía partir todo el conocimiento por estar en el centro del Universo, el corazón de la Tierra. Pero la derrota de la ciudad, no debe ser la derrota del espíritu que anima a sus herederos. Como mexicanos ahí está nuestro compromiso.

sorianovalencia@hotmail.com

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