Eventos post revolucionarios en Villagrán
Cadáveres de combatientes revolucionarios en Villagrán.
Sergio Hernández N.
Villagrán, Gto., 7 de junio de 2026.- Después de los combates de Celaya entre villistas y carrancistas -en los que Villagrán estuvo en medio de la contienda, sin participación, pero como víctima colateral- algunos habitantes, ahora de la tercera edad, recuerdan las pláticas que sus abuelos les comentaban cuando por la curiosidad innata de los chicos, deseaban saber más de la historia que se les impartió en la escuela de sus tiempos.
Uno de los pasajes que se comenta en algunas pláticas, cuando se aborda el tema de la revolución, principalmente para tratar de conocer algunos pasajes históricos de Villagrán, es aquella cuando los ejércitos se fueron de la zona, unos en retirada -los villistas- y otros en persecución -los carrancistas-, permaneces en el recuerdo, aunque ya pasaron más de cien años.
Se dice que, con el paso de los días, los numerosos cuerpos de los combatientes de los dos ejércitos, permanecían a cielo abierto y servían como alimento no solo a las aves carroñeras, sino también a la fauna local, e incluso, algunas personas decían que vieron conejos sin pelo, “como con sarna”, y que el aire olía a putrefacto por la descomposición de los cadáveres.
Ante estos problemas y para prevenir los de salud, las autoridades pidieron a la ciudadanía a que comenzaran a levantar los cadáveres para darles sepultura y la gente comenzó a trabajar.
Se veía a los hombres levantar los cadáveres en parihuelas (camillas de madera), las transportaban a carretones y apilados los llevaban a grandes fosas comunes para vaciarlos y echarles la tierra para cubrirlos. Pero ante los numerosos muertos, también se optó por usar pozos para riego o echarlos a las norias, pues lo que querían era retirar a tanto cuerpo ya en descomposición y para ello, también se usaron algunas cuevas del cerro de Vista Hermosa.
Lo peor, comentaban, es que esos hombres, de los dos ejércitos, que venían de otras poblaciones nunca regresarían, ni tampoco se sabrían sus identidades como para colocarles una placa en sus tumbas.
Al paso del tiempo, cuando se resolvió el problema de la sepultura de tantos muertos, los villagranenses tuvieron otro, una epidemia de la que no se precisó cuál, pero de la que describieron como una especie de “gripa” y que las personas que fallecían fueron sepultadas envueltas en petates.
Las que lograron salvarse pero que estornudaban, se les decía “Jesús te ayude”, en referencia a que no se enfermaran porque les podía costar la vida.
