2 de julio: emblemática por la alternancia de gobierno
Ernesto Ruffo Appel.

Observatorio Ciudadano
Alfredo Sainez
El día 2 de julio es una fecha especial y significativa porque es emblemática en las alternancias de gobierno, tanto en el gobierno del estado de Baja California en 1989 como la presidencia de la República en el año 2000, cuyas titularidades de cargos constituyen su legitimidad. Sin embargo, cabe preguntar: ¿la alternancia o alternancias que hemos tenido en las últimas dos décadas han cambiado el régimen político que se caracteriza por ser una República representativa, democrática, laica y federal?, ¿qué tanto es tantito?
Las elecciones del 2 de julio de 1989 inauguraron un nuevo periodo en el sistema político mexicano. La victoria en las urnas del candidato panista a la gubernatura de Baja California, Ernesto Ruffo Appel, abrió una vía inédita en el sistema electoral de México, al permitir que un gobernador que no era del partido oficial ocupara el Poder Ejecutivo en una entidad de la República. Desde entonces, la diversidad en el origen de los titulares de los gobiernos de los estados se ha multiplicado de manera significativa. Hasta hace poco, el estado más simbólico por no haber tenido alternancia política en la República Mexicana era Hidalgo, gobernado ininterrumpidamente por el PRI desde 1929 hasta 2022. Durante más de 90 años, todos sus gobernadores surgieron de ese partido, lo que lo convirtió en un caso excepcional de hegemonía política a nivel estatal. Sin embargo, en las elecciones de 2022, Morena logró ganar la gubernatura, rompiendo esa larga continuidad. Esto significa que, actualmente, todos los estados del país han experimentado algún grado de alternancia en el poder ejecutivo estatal.
En el ámbito nacional, el candidato panista Vicente Fox, se convirtió en el primer candidato de oposición en derrotar al Partido Revolucionario Institucional en la elección presidencial del 2 de julio del año 2000, registrándose la primera alternancia en la presidencia de la República. A partir de entonces hemos tenido dos alternancias más: la segunda, con el retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) postulando a Enrique Peña Nieto en el año 2012; y, la tercera, cuando la coalición electoral integrada por los partidos Movimiento Regeneración Nacional (Morena), del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES) postularon a Andrés Manuel López Obrador como candidato a la presidencia de la República en el año 2018, en un entorno en donde ha prevalecido el multipartidismo desde y como consecuencia de los resultados de las elecciones federales del 6 de julio de 1997, en donde el grupo parlamentario del partido en el gobierno no ha logrado la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión para impulsar reformas a leyes secundarias y reglamentarias; y, menos aún, para impulsar reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
En suma, el influjo del sistema electoral mexicano en el tránsito de un sistema de partido hegemónico a predominante y, de este, a uno multipartidista se ha producido a partir de que el partido del presidente de la República perdió la mayoría calificada y, luego, la mayoría absoluta en el seno de la Cámara de Diputados durante las LIV y LVII Legislaturas como efecto de los resultados de las elecciones para diputados federales en 1988 y 1997, respectivamente. En este tenor, en la Cámara de Senadores como resultado de las elecciones federales intermedias del 6 de julio de 1997, ninguna de las fuerzas políticas logró mayoría calificada; y, posteriormente, como efecto de los comicios electorales federales de 2000, ninguna de los grupos y representaciones parlamentarias obtuvo la mayoría absoluta. Desde entonces hasta antes de las elecciones federales de 2018 tuvimos un multipartidismo.
A partir de esta fecha y hasta nuestros días, se ha configurado un sistema de partido predominante con un gobierno unificado; es decir, cuando en un régimen presidencial el partido del presidente un solo partido político tiene poderes legislativos y ejecutivos absolutos (Colomer, 2007) y, consecuentemente, confluye y predomina el poder ideológico de un solo partido tanto en el Poder Ejecutivo como en el Poder Legislativo Federal. En este contexto, se reflexiona sobre una cuestión central: ¿puede desvincularse el derecho del poder ideológico?
Por lo pronto, a pesar de las reformas a la Constitución federal en lo que va del sexenio y agoreros, en este primer cuarto de siglo XXI hemos tenido tres alternancias en la presidencia de la República y seguimos manteniendo el mismo régimen político. O, ¿qué tanto es tantito?
Usted tiene la última palabra.
Alfredo Sainez
*Doctorado en Pedagogía por el Colegio de Estudios de Postgrado del Bajío (CEPOB); Maestría en Innovación y Gestión Pedagógica por el CEPOB; Maestría en Administración Pública por el INAP-México; Maestría en Derecho Parlamentario por la Benemérita Universidad de Oaxaca (BUO); Especialidad en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa por la BUO; Máster en Los Retos del Constitucionalismo en el Siglo XXI en la Universidad de Barcelona; Asesor Experto en Conocimiento, Ciencia y Ciudadanía en la Sociedad de la Información por el Instituto de Formación Continua de la Universidad de Barcelona; Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Catedrático de la División de Derecho, Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato. Correo electrónico: alfredosainez@gmail.com
