Lic. Antonio Galván Torres

Amigos lectores y aquellos que por primera vez me acompañan en esta lectura, permítanme incidir en un tema que puede ser la diferencia entre nuestra supervivencia o nuestra muerte, sí, así de drástico como lo escucha, nuestra propia muerte o la de un ser querido y que éstas pueden sufrirse con ciertas características, toda vez que si algo sabemos es que nadie contamos con la inmortalidad y que todos algún día pereceremos.

Este deceso al que me refiero no es como perder la vida de forma accidental o violenta, en la cama de su casa o en un hospital porque en éstos regularmente contamos con la compañía de nuestros seres queridos.

Esta muerte la tendremos que enfrentar aislados, sin poder hablar o sólo  tener  la cercanía de un ser querido, encapsulados; el solo imaginarme una escena de éstas  me “enchina” la piel,  sin velación del cuerpo para despedida ni ceremonia religiosa y sólo esperando  la recepción de cenizas.

Es por ello que no cejaré de comentar que el tema de la pandemia SARS-Cov-2 que causa el COVID-19, debe de ser tomando muy en serio, más allá de cualquier duda o comentario mordaz. 

Además de este panorama desolador está el aspecto económico, por lo que la frase “a río revuelto, ganancia de pescadores” la traigo a colación por los hambreadores del pueblo que sacan ventaja de este escenario, o dígname ustedes ¿cómo podemos etiquetar la circunstancia de que los precios de los guantes, lentes, cubrebocas, caretas, googles, gel antibacterial y cualquier equipo contra el COVID, estén en los cuernos de la luna?

Cito como ejemplo, el precio de cien guantes de látex, o vinilo, era de $ 100-$120 al inicio de la pandemia, hoy los mismos guantes valen de $ 400-$ 500, es decir, su costo se incrementó en un 400 a 500%, lo que es aberrante, toda vez que en este mismo tiempo muchos negocios han ido a la quiebra, así como millones de empleos se han perdido.

Por supuesto, no quiero que lloremos juntos sino hago un exhorto a levantar conciencias con ética y solidaridad, no se vale que aquellos que cuentan con la estructura para la manufactura lucren con esta necesidad apremiante del pueblo mexicano.

Les proporciono datos duros, hasta el sábado 6 de junio había 278 decesos en nuestro estado, de los cuales 49 correspondían a León; el 12 de junio 270 en nuestro estado y 80 en León;  el 11 de junio hubo 18 decesos en la localidad y fue el más alto hasta ese momento, este último viernes hubo 224 contagiados en el estado y 101 corresponden a León y así podría seguir citando. E

n este tenor es aquí y ahora cuando debemos de levantarnos y darnos la mano, pero no con el puño cerrado, como pretenden los hambreadores sino con una mano abierta a nuestros congéneres para ayudar a levantarnos de esta caída.

Es de esperarse que saldremos a “la nueva normalidad” esperando no contagiarnos, pero necesitamos hacerlo con todas las medidas de sanidad en forma estricta como la ya tan conocida amiga “Susana Distancia”, el inseparable cubrebocas, el indispensable lavado de manos y el equipo al que puedan acceder porque el contagio deviene de donde menos lo esperamos. No nos envolvamos en la negación del problema “no conozco a nadie que se haya muerto”,

En este orden de ideas,  hago un llamado  a la PROFECO local y de ser necesario al titular Federal, Ricardo Sheffield, a que haga fiscalización en todos los expendios  de estos productos en comento, toda vez que se necesitan redoblar los esfuerzos de los  supervisores  para checar los precios de este tipo de insumos, por lo que es indispensable que nos involucremos como sociedad en este  tipo de abusos, por lo que se sugiere presentar las quejas o denuncias por los ciudadanos en nuestro Estado.

También debemos de proteger la canasta básica y presentar las quejas sobre este particular.  Me queda claro que estos equipos son indispensables para nuestra supervivencia, pero quiero hacer hincapié en que tan sólo en León, por dar una cifra, existen más de 650 mil leoneses que viven en situación de pobreza   y aunque es del 2018, en Guanajuato había un 43.4% de pobres, es decir 2, 587.8 miles de personas.

En este tenor, me pregunto ¿qué preferiría un guanajuatense de bajos recursos? 1) ¿Comprar un insumo para su protección? O, 2) ¿Comprar alimento para él y su familia? Por ende, no dejemos que triunfe la ley del más fuerte, no nos mantengamos indiferentes, no seamos insensatos.

En la historia de la humanidad ha habido sociedades que creyeron que solo tenían derecho aquellos que habían nacido aptos intelectual y físicamente. Recordemos que en el monte Taigeto, en Grecia, fue testigo de miles de muertes de niños, los historiadores cuentan que la población espartana: “dejar con vida a un ser que no fuere sano y fuerte desde el principio, no resulta benéfico ni para el estado ni para el mismo”.

En el devenir histórico, estos conceptos han cambiado y ahora el Estado se convirtió en el garante del interés superior de niños, niñas y adolescentes y también de aquéllos que pueden ser vulnerables para evitar todo tipo de discriminación.

Por ende, acudí a esta simple remembranza de la cultura griega para tratar de tocar las fibras más sensibles de todos los lectores que puedan darme la oportunidad de comentar esta lectura.

México te necesita hoy y ahora.  Salvemos a los vulnerables y actuemos con respeto a sí mismos y por consecuencia para nuestros prójimos.

Galvantorres33@hotmail.com

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