Primera lectura de los resultados de la elección

Tiempo Político

Santiago López Acosta

Después de una jornada electoral en general tranquila y con pocos incidentes, afortunadamente sin la violencia que caracterizó los meses previos, el domingo pasado tuvimos unas elecciones complejas y competidas, donde, como en toda democracia que se precie, casi todos los actores políticos se manifestaron satisfechos, pues nadie gana todo y nadie pierde todo. La ciudadanía con su voto repartió el poder y estableció equilibrios y contrapesos, que sin duda son saludables para nuestra democracia.

La Cámara de Diputados del Congreso de la Unión se integrará con mayor presencia de la oposición, que podría llegar hasta 219 diputados, de un total de 500, lo cual frenaría el avasallamiento de Morena junto con sus aliados, como ha sucedido en la presente Legislatura. El partido mayoritario tendría un máximo de 203, pero con los 48 del Partido Verde y los 41 del PT, tendría la mayoría suficiente para reformas legales, sin embargo, la dependencia de los votos de estos dos partidos hará más compleja las negociaciones de Morena, incluso con sus propios aliados.

La gran novedad es que no tendrá la mayoría calificada que ahora tiene para realizar eventuales reformas constitucionales. Esta circunstancia lo complica aún más con el acuerdo de la coalición opositora, integrada por el PAN, el PRI y el PRD, como coalición legislativa, esto es, actuarán como un grupo parlamentario todos los diputados de los tres partidos.

De los tres partidos de reciente registro, dos de ellos claramente lo perderán, Redes Sociales Progresistas y Fuerza por México, y el tercero, Encuentro Solidario estará peleando por alcanzar el 3% necesario para mantenerlo.

En algunos estudios previos se vaticinaba que el PRD y el PT también estarían en ese escenario, de la posible pérdida del registro, pero todo indica que lo conservarán y tendrán diputados en la próxima legislatura federal.

La disminución de la votación de Morena, en relación con la última elección, contrasta con el incremento que tuvieron el PAN y el PRI, lo cual se traduce en la nueva integración de la Cámara de Diputados. Sin embargo, no se puede decir lo mismo respecto de las elecciones de gobernador, donde el PRI pierde ocho de las 15 en disputa, y tal parece un trasvase de votos hacia Morena, pues esta fuerza política mantiene a Baja California y gana en casi todos los estados donde gobierna el PRI. El PAN mantiene Querétaro y Chihuahua, pero pierde Nayarit y Baja California Sur. Nuevo León pasa de independiente a Movimiento Ciudadano y está muy cerrada la contienda en Michoacán y Campeche.

Morena reduce sensiblemente su votación nacional, pero gana estratégicamente la mayoría de las gubernaturas en juego, lo que modifica sensiblemente la geopolítica regional del país.

Un comentario sobre los resultados en la Ciudad de México, donde después de haber sido un baluarte de la izquierda durante más de 20 años, primero con el PRD y luego con Morena, ahora 10 de las 16 alcaldías serán gobernadas por la oposición al régimen citadino y nacional.

En Guanajuato se confirmó la cuasi hegemonía panista, donde seguirá gobernado el Congreso local y la mayoría de los principales ayuntamientos, en menos de la mitad de los municipios (22), compartiendo el poder con otros partidos, Morena en Salamanca, Silao y Dr. Mora: la coalición PRI-PRD en San Luis de la Paz, Cuerámaro, Uriangato, Ocampo, Tarimoro, Jerécuaro y Tarandacuao; el PRI solo en San Miguel de Allende, Abasolo y Romita; el Verde en San Felipe, Yuriria y Huanímaro: el PRD en Tierra Blanca y Xichú; Movimiento Ciudadano en Moroleón y Pueblo Nuevo; Nueva Alianza Guanajuato con la reelección en Villagrán y sorpresivamente en Jaral del Progreso y San Diego de la Unión, con el triunfo, por momento, del emergente partido de Redes Sociales Progresistas, que como dijimos, perderá el registro.

 

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