Plagiar

Una costumbre muy común entre estudiantes es hacer propio un texto que no le pertenece. A eso se llama plagio. Cientos de profesores se encuentran que a los estudiantes les parece un camino rápido, pare evitar el esfuerzo, retomar lo que otros elaboran. Sin embargo, lo hacen porque no tienen consciencia de que está contemplado en el Código Penal de la Federación en su artículo 424, con pena de prisión y multa.

La historia de la palabra plagio es muy curiosa. Se origina en la antigua roma cuando un hombre libre usaba a un esclavo sin autorización del dueño para labores que le favorecían. Como no todas las personas tienen las mismas habilidades, algún hombre libre se interesaba por esas destrezas y sin conocimiento del dueño, lo llevaba a su servicio. Por supuesto, los esclavos carecían se ser objeto de atención –salvo algunos casos excepcionales– o valor a su palabra y esto complicaba para el amo original pudiera conocer rápidamente de la apropiación indebida.

En la actualidad, esta práctica del plagio ha quedado limitado a las artes, entre las que destaca la literatura. Antes, en este ámbito, era más difícil reconocer los plagios. Ello debido a que la difusión de obras no tenía el mismo alcance. Es decir, que no todos sabían leer y la distribución de libros tampoco era de lo más eficiente. Incluso, el propio Quijote de la Mancha retoma pasajes de Lope de Vega y versos de Garcilaso; o del mismo Quijote de Avellaneda –un libro que pretendió ser la continuación de la primera parte del Quijote hasta que el propio Cervantes emprendió esa labor–.

Académicamente, no existe plagio cuando se cita al autor, es decir que se da absoluto crédito a la persona física o moral (una institución, centro de investigación o centro académico). Pero se considera delito cuando hay suplantación. Esto es cuando es una presenta como propia de forma total o parcial una obra ajena (y por obra se entiende la producción intelectual expresada en diseño, escultura, música, texto o, incluso, invento).

El plagio puede ser total o parcial. El primero sucede cuando se presenta como propio. Me ha sucedido que hasta errores originales (porque no existe la obra perfecta) se reproducen. En tanto que parcialmente se refiere cuando la estructura es la misma, pero se hacen pequeños cambios para modificar la apariencia.

Con la actual tecnología es fácil encontrar plagios (mis alumnos lo saben bien y han padecido las consecuencias escolares). Hay suficientes herramientas para reconocer e identificar la procedencia de textos (en mi caso; aunque supongo que lo mismo sucede en otras materias). Incluso, es altamente recomendable que los docentes las apliquen para que desde pequeños los alumnos aprendan que tiene consecuencias el plagio.

Hace poco fui testigo de un reclamo por presunto plagio. Gracias a las referencias poéticas de lectores y autores, fue posible identificar que, aunque con coincidencias en palabras, no existía plagio. Saludo y felicito al poeta Martín Campa por su reciente libro El Edén de mi agonía.

sorianovalencia@hotmail.com

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