Pinceladas de lo ocurrido en la marcha insurgente de Dolores a Guanajuato en septiembre de 1810

Grito de Dolores. Pintura anónima. Colección del Museo Casa de Hidalgo. Fotografía J.E.V.A.

José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Cronista Municipal de Guanajuato

Serían quizá las cinco de la mañana de aquel 16 de septiembre de 1810 cuando el cura don Miguel Hidalgo y Costilla pronunció una arenga al pueblo que se había congregado ahí, para explicarles las razones de su enojo y de los propósitos de levantarse para conseguir la independencia. Hidalgo estaba acompañado por los primeros caudillos de la gesta libertaria.

Don Ignacio Allende recibió ahí mismo, en Dolores, la adhesión de Francisco Moctezuma, “El Gato”, un personaje que, hasta ese momento, se desempeñaba como sargento de las tropas realistas, de inmediato Ignacio Allende lo nombró oficial de una de las improvisadas compañías que se crearon ante la urgencia de salir de inmediato de Dolores.

La salida demoró un poco más de seis horas, refieren algunas crónicas que fue cerca de las once de la mañana cuando emprendieron la marcha Hidalgo, Allende y Juan Aldama con un reducido ejército conformado por algunos de los hombres del Regimiento de la Reina y otras varias decenas de personas.

Un primer alto se hizo en la hacienda de la Erre, donde el propietario, don Luis Malo, simpatizante de la causa y viejo amigo de Allende entregó muchos instrumentos de labranza que servirían de armamento al improvisado ejército. Se cuenta que fue ahí también en la Erre donde se sumó otro contingente que venía de San Felipe torres mochas.

Miguel Hidalgo escuchando a un insurgente. Imagen tomada de internet.

A las tres de la tarde reanudaron la marcha, Miguel Hidalgo comenzó el andar expresando en viva voz lo siguiente “Adelante señores, vámonos. Ya se ha puesto el cascabel al gato, falta ver quiénes son los que sobramos”. Don Mariano Abasolo se había incorporado ya a la marcha.

Por la tarde los insurgentes llegaron al santuario de Atotonilco, ahí tomaron un lienzo que tenía pintada la imagen de la Virgen de Guadalupe, mismo que de inmediato lo convirtieron en el estandarte de marcha revolucionaria.

Por la noche llegaron a San Miguel, hay quienes dicen que la tropa insurgente sumaba ya unos cinco mil hombres mismos que se habían ido sumando en las diversas rancherías, era una tropa, sin disciplina, pero con mucha algarabía.

Hidalgo. Obra de Jesús de la Helguera (1959). Colección del museo Soumaya.
Imagen tomada de internet.

El populacho, como le decían a la turba, cometió algunos excesos en San Miguel y generó algunos problemas entre Hidalgo y Allende. Pero también hubo algunos progresos para la causa ya que se nombraron las primeras autoridades independientes, mejor dicho, insurgentes, emanadas del movimiento. El licenciado Ignacio Aldama Rivadeneyra fue nombrado presidente, los señores Felipe González, Miguel Vallejo, Domingo de Unzaga, el presbítero Castiblanque, Vicente Umarán y Benito Torres integrarían el gobierno. A don Antonio Agatón lo nombraron administrador de la aduana y del ramo de tabacos, a don Francisco Rebelo lo hicieron jefe de correos y cuentan que todos los herreros de San Miguel se pusieron a elaborar lanzas para la causa.

La Villa de San Miguel. Obra de Theubet de Beauchamp.  Imagen tomada de internet.

Ahí en San Miguel, don Miguel Hidalgo fue nombrado jefe del ejército; la marcha se reinició con rumbo a Celaya donde Hidalgo fue nombrado Capitán General.

El 18 de septiembre, ya tarde, en la ciudad de Guanajuato el intendente Juan Antonio de Riaño y Bárcena recibió la noticia que le mandaba Francisco Iriarte notificándole lo que había ocurrido en Dolores en la madrugada del 16 de septiembre.

El 19 de septiembre muy temprano el intendente Riaño ordenó que se tocara “generala” y comenzó a preparar la defensa de la ciudad imaginando el avance del ejército insurgente. Mientras tanto los rebeldes pasaban por Chamacuero, el actual Comonfort, donde la familia Taboada le otorgó en préstamo al cura $40,000 (cuarenta mil pesos) para cubrir los gastos que se requerían para financiar el movimiento, don Miguel Hidalgo otorgó el recibo del préstamo con toda formalidad. Aunque suene a fantasía, el gobierno del general Porfirio Díaz pagó el referido préstamo a doña Ana Galván que era descendiente de la familia Taboada.

De Chamacuero pasaron a Santa Rita desde donde el cura Hidalgo envió una carta pidiendo la rendición de la plaza de Celaya, se estima que la tropa insurgente alcanzaba los veinte mil, la mayoría con lanzas y armas improvisadas. La respuesta de las autoridades de Celaya no llegó nunca, se dice que huyeron despavoridos dejando libre la plaza a las tropas rebeldes.

Previo a ocupar Celaya se pasó revista a las tropas en el templo de san Antoñito. Don Miguel Hidalgo, que portaba el estandarte guadalupano, iba acompañado de Allende, Aldama y Abasolo. Luego vino la ocupación de Celaya y la adhesión de don Ignacio Camargo que se convirtió en un importante aliado de la causa. El licenciado Carlos Camargo (hermano de Ignacio) fue nombrado por Hidalgo subdelegado en Celaya, aunque este último siempre se mantuvo fiel a la causa realista.

Ignacio Allende (Fragmento) Pintura de Ramón Pérez (1865). Palacio Nacional. Imagen tomada de internet.

El 22 de septiembre se reorganizó la tropa insurgente y se creó una junta militar que nombró a Miguel Hidalgo Capitán General y a Ignacio Allende y Unzaga Teniente General. Hidalgo se ocupó también de escribir una carta al intendente Riaño donde le explicaba de los avances que había tenido y de la multitud que ahora seguía a la causa insurgente, lo conminaba a entregar pacíficamente la capital de la intendencia, luego siguieron la marcha con rumbo a Guanajuato.

La respuesta “de palabra” de Riaño fue decirle al emisario que le comunicara a Hidalgo que “…en la ciudad de Guanajuato lo esperaba y le respondería”. La noche del 23 se dice que Hidalgo pernoctó en el Guaje, en Villagrán, y se incorporó con la mayoría del contingente en Salamanca el día 24.

El día 23 llegaron a Salamanca el grueso de insurgentes y se unió mucha gente al ejército insurgente por lo que fue necesario fabricar machetes para armarlos. Al improvisado despacho de Hidalgo que se montó el día 24 llegaron Albino García, Andrés Delgado “El Giro”, Lucas Flores, Cleto Camacho, Rafael García de León “Garcillita”, José García de León “El Matalote” y, Andrés Tamayo, todos ellos se convirtieron en guerrilleros que operaron en muchas partes de la región como Salamanca y Valle de Santiago.

El día 25 los insurgentes salieron de Salamanca y luego de transitar una pesada jornada estaban ya en Irapuato donde algunos descansaron aprovechando que se juntara el grueso contingente. En Irapuato no hubo resistencia, se cuenta que la población recibió de muy buen modo a los insurgentes, sobre todo a Hidalgo a quien le fue entregado el bastón de mando de la población.

Figuras de los héroes de la independencia elaboradas por cartoneros del estado de Guanajuato. Fotografía J.E.V.A.

Entre el 26 y 27 de septiembre una parte del gran contingente insurgente marchó a Silao para hacer una exploración y fueron bien recibidos por la población. Luego se desplegaron todos con rumbo a Guanajuato pasando por las haciendas de Calera y Jaripitío (Aldama), luego prosiguieron hasta la hacienda de San José de Burras o San José de Llanos, en donde pernoctaron.

La hacienda de Burras era propiedad del marqués de Rayas, don José Mariano de Sardaneta y Llorente un decidido simpatizante de la causa insurgente y unos de los más acaudalados empresarios mineros de la Nueva España. De él se ha dicho que perteneció a la sociedad secreta de apoyo a la causa insurgente de Los Guadalupes. Estuvo sometido a proceso por acusado de infidencia y de apoyar a los insurgentes y fue uno de los firmantes del Acta de Independencia, pero lo que ocurrió después lo comentaremos en otra oportunidad.   

J.E.V.A.2020. SEPTIEMBRE 18.

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