Miles de trabajadores de Nueva York en riesgo de perder su empleo por no aceptar vacunarse contra COVID-19

New York 3 de septiembre de 2021.- Son una minoría, pero su suerte puede tener un peso determinante en el rumbo que tome la política de vacunación contra el coronavirus en Estados Unidos.

Decenas de miles de trabajadores de la salud del estado de Nueva York corren el riesgo de perder sus empleos al expirar este lunes el plazo establecido por las autoridades estatales para recibir al menos una dosis de la vacuna contra la covid-19.

Nueva York tiene uno de los mandatos de vacunas más estrictos de Estados Unidos que no incluye, por ejemplo, excepciones para aquellos que no quieran recibir la inyección por motivos religiosos, razón por la cual ya ha sido cuestionado ante los tribunales.

Unos 70.000 de los 450.000 trabajadores hospitalarios de Nueva York permanecían sin vacunar hasta el miércoles pasado, de acuerdo con cifras publicadas por la prensa local.

Ese dato revela que el porcentaje de no vacunados se redujo en 9 puntos porcentuales (de 25% a 16%) desde que el pasado 16 de agosto el entonces gobernador Andrew Cuomo estableció la vacunación obligatoria como condición para mantener el empleo.

Al hacerlo, Cuomo argumentó que la medida era necesaria para hacer frente a la expansión del coronavirus impulsada por la variante delta.

«Nuestras héroes del sector salud encabezaron la batalla contra el virus y ahora necesitamos que lideren la batalla entre la variante y la vacuna», señaló Cuomo, quien además alentó la vacunación obligatoria de los maestros de escuela y alentó a los negocios privados a establecer la vacunación como requisito para admitir a clientes en sus locales.

Esta política ha sido mantenida por la nueva gobernadora de Nueva York, Kathy C. Hochul, quien el viernes pasado advirtió que podría contratar a trabajadores temporales procedentes de Filipinas o Irlanda para cubrir las plazas vacantes dejadas por los trabajadores no vacunados.

Hochul dijo además que podría declarar el estado de emergencia para poder hacer frente a los problemas de personal que podría enfrentar por la salida masiva de trabajadores no vacunados.

Con más de 42 millones de casos confirmados y más de 687.000 muertes desde que se inició la pandemia, Estados Unidos vive una situación paradójica en relación con el coronavirus.

En su caso, a diferencia de lo que ocurre en casi todo el resto del mundo, lo que dificulta el proceso de vacunación no es la falta de dosis sino la reticencia de una parte de la población a vacunarse.

Hasta este 27 de septiembre un 66,6% de los estadounidenses mayores de 18 años estaban completamente vacunados y 77,1% había recibido al menos una dosis, de acuerdo con los CDC.

La tasa diaria de vacunados en ese país ha descendido desde un promedio de 3,35 millones de dosis administradas a mediados de abril hasta unas 703.000 la semana pasada.

Esa disminución no se debe a que falten vacunas o personal médico sino a la reticencia de una parte de la población a vacunarse.

Las razones por las que los estadounidenses no quieren ponerse la inyección contra la covid-19 parecen estar relacionadas principalmente con la desconfianza que sienten hacia la vacuna o hacia las autoridades sanitarias.

Una encuesta realizada en agosto por el Centro Pew, encontró que casi 9 de cada 10 entrevistados que no habían sido vacunados estaban de acuerdo con la idea de que «hay demasiada presión sobre los estadounidenses para que se vacunen».

Mientras tanto, 8 de cada 10 dijeron coincidir con las frases «no sabemos realmente aún si hay riesgos graves para la salud por las vacunas contra la Covid-19» y «los funcionarios de salud pública no nos están diciendo todo lo que saben sobre las vacunas contra la Covid-19».

De igual modo, tres de cada cuatro no vacunados expresaron una valoración negativa sobre los cambios que se han ido produciendo en torno a las normas para enfrentar la pandemia, lo que les hacía preguntarse si los altos funcionarios de salud ocultan algo (78%) y les hacía confiar menos en sus recomendaciones (75%).

Pese a sus dudas, los ensayos clínicos que se hicieron para el desarrollo de las vacunas y el seguimiento que se ha hecho hasta ahora indican que son seguras y altamente efectivas para prevenir la enfermedad grave y la muerte, como han señalado reiteradamente las autoridades sanitarias y expertos en salud de todo el mundo.

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