José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Cronista municipal de Guanajuato

Un 11 de noviembre, pero del año 1874, se registró en la ciudad de Guanajuato un extraño fenómeno geológico que fue calificado por don Lucio Marmolejo de aterrador e inexplicable. Me refiero a los estruendosos ruidos subterráneos que llenaron de pánico a la población.

Pero no era esa la primera vez que eso ocurría, existe un registro que marca que estruendos aterradores como esos se habían escuchado también en 1784 y en 1859. De acuerdo con las crónicas los efectos derivados del pánico generaron severas afectaciones a la economía de la ciudad.

En 1784 se registraron durante la madrugada del día 9 de enero esos terribles ruidos generando un estado de alarma entre los habitantes de Guanajuato y corriendo vertiginosamente la noticia a lo largo y ancho de toda la Nueva España. Los ruidos se estuvieron presentando primero de manera intermitente durante los días 10, 11 y 12, pero luego, a partir del día 13 de enero y hasta el 16, se incrementaron notablemente.

Como es de suponer, los habitantes de Guanajuato llenos de pánico y sin encontrar alguna explicación lógica al inusual fenómeno, abandonaban en grupos la ciudad contraviniendo incluso las disposiciones oficiales que anunciaron sanciones para quienes lo hicieren, los que no podían salir se refugiaron en el interior de los templos para suplicar el auxilio divino.

Portada del tomo III. del diccionario universal de historia y Geografía.

El acontecimiento quedó registrado en La Gaceta de México en el número publicado el 28 de enero de 1784, también se insertó una nota de don Manuel Orozco y Berra sobre el fenómeno en el Diccionario Universal de Historia y Geografía de 1853, en el tomo III. En la misma refiere que los vecinos de la ciudad pensaron originalmente que se trataba del nacimiento de un volcán lo que provocó que la ciudad comenzara a ser abandonada en grupos familiares, para frenar la salida de la población el cabildo publicó un bando donde establecía multa de mil pesos a la familia si esta era rica o prisión de dos meses si la familia era pobre, la fuerza armada sería la responsable de perseguir a los fugitivos.

Pero el bando no fue suficiente para aplacar el miedo y la mayor parte de la población abandonó la ciudad, ese vacío y esa soledad fue hábilmente aprovechada por los ladrones que se dieron a la tarea de saquear a sus anchas negocios y viviendas sin que hubiese autoridad capaz de frenar el vandalismo.

Labores en el 7º nivel subterráneo de la mina de Sirena. Fotografía tomada del libro Las minas de Guanajuato.

Los truenos en esa ocasión se prolongaron por espacio de un mes y fueron disminuyendo hasta desaparecer, la población recuperó paulatinamente la confianza y se inició el retorno a la ciudad que padeció luego una severa etapa de hambre debido a que no se había presentado abasto de ninguna especie de alimento por temor.

Debieron transcurrir 75 años para que la ciudad experimentara de nueva cuenta el terror por la presencia de un fenómeno similar. Fue durante los días 29 y 30 de junio de 1859 cuando se escucharon de nueva cuenta los estruendos subterráneos, el primero de ellos fue en la madrugada del día 29, el segundo a las diez de la mañana y un tercero cerca de la una de la tarde del día 30. Por fortuna los ruidos cesaron y la población recobró la confianza con relativa prontitud.

Labores de una mina. Fotografía tomada del libro Las minas de Guanajuato.

Pero hoy nos ocupamos de los ruidos que se presentaron el 11 de noviembre de 1874, hace ya 146 años. El día había comenzado con la habitual rutina cotidiana hasta que a las once de la mañana se escuchó el primer estruendo, fue de corta duración por lo que no generó mucha alarma ni fue percibida por muchos. Luego a las cuatro de la tarde se escuchó en dos ocasiones acompañado de una sacudida del suelo guanajuatense, fue entonces que comenzó el temor por lo que pudiese ocurrir ante un fenómeno tan poco usual en estos lares.

Refiere la crónica de don Lucio Marmolejo que luego, parte de la tarde y el principio de la noche, transcurrieron en calma hasta las nueve cuando se escuchó un gran estruendo que sacudió violentamente el suelo, luego siguieron los truenos con diferencia de pequeños espacios de silencio hasta alcanzar en esa noche 113 truenos.

La población entró en pánico, prácticamente todos los habitantes de Guanajuato salieron a las calles, algunos portando antorchas o cirios encendidos y clamando el socorro de dios, otros llorando de miedo y pidiendo protección divina en las puertas de los templos, fue esa una noche terrible hasta que al amanecer se celebró en la iglesia matriz una misa de rogación, se expuso al santísimo sacramento y se colocó a la virgen de Guanajuato en su trono.

Poco después, a las nueve de la mañana se celebró otra misa en un templo parroquial que lucía abarrotado por la multitud que se presentó al acto, cuando de pronto, a media misa se volvió a escuchar un tremendo trueno que desprendió algunas molduras de los altares incrementando el pánico entre los asistentes que gritaban, lloraban y se daban golpes de pecho haciendo con ello un ambiente todavía más confuso. Ya en la tarde se intentó sacar a la virgen en procesión, pero no les fue permitido y solamente se pudo desarrollar el acto al interior del templo.

Galería de una mina de Guanajuato. Fotografía tomada del libro Las minas de Guanajuato.

Los ruidos y las trepidaciones, refiere la crónica, prosiguieron los días 13, 14, 15 y 16 de noviembre, eran más frecuentes por la madrugada, los rumores corrían por todas partes, algunos decían que había comenzado a nacer un volcán en Santa Rosa y que en el rancho de Quinteros brotaba lodo hirviente, otros decían que en el cerro de Sirena había grietas por las que salía mucho humo con un penetrante olor a azufre.

El registro dice que el día 17 hubo un estruendo de mayores dimensiones que los anteriores sacudiendo violentamente los artículos que estaban en los estantes de varios comercios de la ciudad. Luego los ruidos fueron menguando paulatinamente en los siguientes quince días para desaparecer por completo en los inicios del mes de diciembre.

Sobre ese fenómeno natural escribió un informe don Juan N. Contreras comisionado por el gobierno para indagar al respecto, en su reporte estableció, de manera sintética, que no se generaron movimientos oscilatorios ni agrietamientos. Refirió también que el fenómeno se concentró en la Sierra de Guanajuato y que no había peligro de que se tratase de actividad volcánica. Don Juan N. Contreras refería también que la localización del origen de los estruendos podría correr desde el cerro del Nayal a Peregrina, Santa Rosa y los Llanitos de Santa Ana que fue donde más fuerte se registró el fenómeno.

También refirió que en esa ocasión era común escuchar relatos, patrañas, hijas de la preocupación, que hablaban de la aparición de luces o fosforescencias en los cerros que van de Sirena a la Bufa, la presencia de relámpagos sobre esa cordillera y lluvia sin nubes.

J.E.V.A.2020. Noviembre 13.

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