José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Cronista municipal de Guanajuato

Reseñamos hace un par de semanas parte del proceso de conformación del siempre agradable Paseo de la Presa, particularmente sobre su conformación histórica luego de que el Ayuntamiento de la entonces Villa de Guanajuato tomó la determinación de construir la presa en el paraje conocido como de la Hoya Grande en el año de 1741.

La Presa de la Olla, principios del siglo XX. Imagen de internet.

La construcción de la Presa de la Olla fue, en su momento, una obra de gran trascendencia para la población y el trayecto que se recorría para llegar a ella desde los límites de la ciudad en el extremo por donde se ubicó la antigua Hacienda de San Agustín o el “arrabal” de San Sebastián pronto, muy pronto se convirtió en uno de los paseos preferidos de los guanajuatenses de la época colonial.

Fue el intendente Riaño, concluíamos en la primera reseña al respecto, quien dispuso en 1795 de la preparación de un camino bien trazado por donde pudiesen transitar las personas que iban en sus los coches y carretas a disfrutar del paseo. Y prometimos entonces que abordaríamos un poco más acerca de la transformación que experimentó ese paseo de la presa durante el siglo XIX.

Pues bien, luego de que concluyó la guerra de independencia que se prolongó por más de once años y, luego de que nuestro país se encaminara, hacia 1824, por las sendas republicanas después de superar el intento efímero de convertir a nuestra nación en un imperio, las cosas comenzaron a tomar rumbo.

Para ese periodo el Paseo de la Presa se había convertido, de nueva cuenta, en el sitio favorito de la sociedad guanajuatense que gustaba disfrutar de un revitalizante día de campo. Era tan socorrido el paseo que hacia 1829 fue necesario rehabilitar el camino que conducía al mismo.

De hecho, sabemos que un par de personas se dedicaban, casi exclusivamente, a cuidar del mismo. Había un presero y un cuidador de los árboles del paseo, éste último responsable de regar las plantas y cuidar del camino y los árboles.

En esa época la presa seguía siendo tan importante para toda la población porque desde ahí bajaba la cuadrilla de aguadores para abastecer a la población en distintos puntos y, si era necesario pues la acarreaban hasta la propia casa. Unos bajaban con los chirriones (esas carretas jaladas por mulas y cargadas de unas grandes cubas o barriles llenos de agua, otros con cántaros y la mayoría pues con su “chochocol” o tinaja grande de barro.

Aguadores cargando su chochocol. Imagen de archivo

Y fue hacia 1832 cuando el empresario y filántropo guanajuatense don Marcelino Rocha Río presentó al Ayuntamiento de la ciudad, por primera ocasión, el proyecto para conducir el agua entubada desde la presa hasta el centro de la ciudad.

Quizá por entonces se topaba el paseante con las antiguas haciendas, la de Zaragoza y la de Santa Gertrudis o con lo que quedaba de ellas y junto a la presa la ruinosa casita del presero que era propiedad del Ayuntamiento y que ya no existe más.

Hacia 1846 se inició la construcción de algunas de las más representativas y elegantes casas de campo de los personajes acaudalados de la ciudad. La de don Ruperto Campuzano, la de don Pedro Carbajal y la de don José María Acevedo.

De esas casas la de don Pedro Carbajal pasó a ser luego propiedad de don Marcelino Rocha, fue conocida, durante mucho tiempo, como la Villa Goerne y en la época actual sirve como oficinas de gobierno del Estado. Y fue significativa por la gran cantidad de habitaciones que tenía en servicio y por haber sido la sede, en septiembre de 1864, de un formidable desayuno ofrecido al efímero emperador Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota.

Una más fue la casona de la benefactora y Antonia del Moral y Otero viuda de Gregorio Jiménez uno de los hombres más ricos de Guanajuato en su tiempo.

Parque Florencio Antillón. Antigua tarjeta postal.

Destaca también la impresionante casona del general Florencio Antillón misma donde nació en 1928 Jorge Ibargüengoitia y residencia, hasta hace poco, de la familia Villaseñor. Fue en 1875 cuando se habilitó el parque Florencio Antillón por parte del gobierno estatal y deben saber que durante un tiempo se le cambió el nombre por el de Joaquín Obregón González, pero por fortuna pronto recuperó su nombre original.

Llama la atención igualmente la casa del ingeniero Francisco Glennie que también fue luego del señor Franco Parkman, o la de Canuto Villaseñor en donde está hoy la farmacia del ISSEG. La hermosa finca que fuera un tiempo también del señor Franco Parkman y que se ubica a un costado del DIF Estatal.

Casa de paseo de la Presa

O La que fuera del exitoso empresario Ramón Alcazar, o la famosa entre comillas “Casa de las Brujas” que fue propiedad del señor Enrique Goerne, o la del ingeniero Alberto Malo que ahora es un hotel, o la casa de los leones, o la casona del abogado Manuel Villaseñor y qué decir del magnífico edificio de cantera rosa que ocupa la centenaria y benemérita Escuela Normal de Guanajuato.

La construcción de la presa de San Renovato se concluyó en 1852 y entre sus funciones está, primero el frenar la fuerza del cauce del agua en su caída hacia la cañada y la presa de la Olla y segundo respaldar el suministro ante la creciente demanda del vital líquido.

La Atalaya se construyó entre 1894 y 1895

Para finales del siglo XIX el río se embovedó y el paseo ganó en amplitud, aunque perdió el río. Hacia 1854 se colocó una primera fuente en el paseo y para 1895 se colocó la fuente de la libertad, esa que ahora luce un poco descuidada en el jardín de las embajadoras.

Embovedado del río de la presa de la Olla. Imagen de archivo.

Fue también a finales del siglo XIX cuando se comunicaron las presas, la de san renovato y la de la Olla por un túnel, lo que permitió ampliar el área para crear ahí la plantación de las acacias a donde llegó luego la magnífica escultura de don Miguel Hidalgo y Costilla, obra del escultor italiano Gius Trabacchi y fundida por Nelli inaugurada por el presidente Porfirio Díaz en el año de 1903.

Magnifica escultura de Miguel Hidalgo y Costilla. Fotografía de atchivo

En el año de 1910 se comenzó la construcción del edificio que albergaría al Colegio de San Francisco Javier, sin embargo, eso no fue posible, hacia el año de 1930 el bello edificio funcionaba como sede del hospital de Guanajuato y, desde 1953 es sede de la Benemérita y Centenaria Escuela Normal Oficial de Guanajuato.

El antiguo hospital, hoy escuela Normal. Imagen de archivo.

Para 1936, en Guanajuato, se inició un plan que tenía como objetivo principal hermosear la imagen de nuestra ciudad colocando en las calles las peculiares y bellísimas losas de colores de la región, en sustitución de los antiguos empedrados, o bien, para acondicionar los espacios que aún eran de tierra. Losas en cuartón o en pirindongo que también hemos venido perdiendo de poco a poco. Simultáneamente se efectúan acciones como la replantación del jardín de las acacias y la colocación de nuevas farolas estilo colonial en la ciudad además del embellecimiento de la zona de la Presa de la Olla.   

En esa circunstancia se acordó la construcción de un faro ornamental que fue concluido e inaugurado, de acuerdo con las efemérides de Manuel Sánchez Valle, el 25 de junio de 1938, por el presidente de la Junta de Administración Civil de Guanajuato Don Manuel Mendoza Albarrán, padre de la recordada y querida María Luisa “La China” Mendoza.

Palacio de gobierno y fuente de la Libertad hacia 1954. Imagen de archivo.

Entre 1951 y 1953 se construyó el palacio de gobierno que con su llamativa cantera rosa extraída de los cerros de Guanajuato atrae la mirada de los paseantes, por la misma época se colocó también la dominante escultura del general Sóstenes Rocha.

Y dejaremos hasta aquí este singular paseo para retomarlo en próximas fechas con motivo de las tradicionales fiestas de San Juan y Presa de la Olla.

Recuerden apoyar las acciones del gobierno y del dif municipal visiten www.fuerzacapital.com y seamos solidarios todos con todos.

POR FAVOR, DE SER POSIBLE, QUÉDENSE EN CASA

J.E.V.A.2020

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