Las piñatas y sus símbolos

CDMX 16 de diciembre de 2021.- Hoy inician las tradicionales posadas y uno de los elementos que no pueden faltar  son las piñatas, cuyo origen se encuentra en las celebraciones de año nuevo en China y en su forma original representaban animales.

De China pasaron a Italia y al resto de Europa, por último,  a México, en donde los frailes la utilizaron como herramienta de evangelización.

En América se tienen indicios de que había tradiciones similares. Los mayas acostumbraban romper recipientes de barro rellenos de cacao y los mexicas llenaban cazuelas de barro con tesoros y alhajas, las decoraban con plumas y listones y las quebraban durante las festividades en honor al dios Huitzilopochtli.

En México, las piñatas como las conocemos hoy en día surgen en el siglo XVI en Acolman de Nezahualcóyotl, Estado de México, cuando los frailes comenzaron a celebrar las “misas de aguinaldo” o “posadas” durante los días previos a la Navidad. En ellas se usaba la piñata como símbolos para evangelizar a los pobladores de la región.

Actualmente, las piñatas se elaboran a partir de una olla de barro o cartón moldeado cubierto de papel colorido y se rellenan con dulces, fruta, cacahuates y juguetes. Después se rompen con un palo.

Una de las  en estas fiestas habituales son las de siete picos; cada uno representa los pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.

Sus brillantes colores simbolizan la tentación; Láminas de oropel o latón, hacen referencia a los engaños del mundo.

Venda en los ojos: nos recuerda que la fe es ciega; el palo con el que se rompe la piñata, es la fuerza y la virtud que destruyen los engaños y pecados.

Dulces, fruta, cacahuates y juguetes, son las riquezas del reino de los cielos que se otorgan como premio a la fe y la perseverancia.

Además se debe vendar los ojos de las personas antes de que pasen a golpear la piñata. También tienen que girar varias veces sobre su propio eje con la finalidad de que pierdan la orientación y el equilibrio. Y por último, entonar la siguiente tonadilla:

¡No quiero oro, ni quiero plata,

yo lo que quiero es romper la piñata!

¡Dale, dale, dale, no pierdas el tino,

porque si lo pierdes, pierdes el camino!

Ya le diste una, ya le diste dos,

ya le diste tres y tu tiempo se acabó.

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