La viruela y las primeras vacunas en Guanajuato en el siglo XVIII

(Imagen superior, la plaza mayor de Guanajuato.)

José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Cronista municipal de Guanajuato

La viruela es una enfermedad que fue erradicada en México y en el mundo, desde en 1980 dejó de ser una amenaza para la salud de la sociedad, pero fue, en otros tiempos, una de las enfermedades más contagiosas y graves que ha padecido la humanidad en el devenir de la historia.

La primera gran epidemia de viruela en la Nueva España ocurrió durante los años 1520 y 1521 ocasionando la muerte de miles de indígenas. A partir de entonces hubo brotes de viruela en los años de 1531-1532, 1615 – 1616, 1653, 1663, 1678, y durante el siglo XVIII en los años de 1711, 1734, 1761 – 1762, 1778-1780 y, 1796-1798. Esta última epidemia de viruela es la que ocupará nuestra atención en esta ocasión.

La viruela se caracteriza por su facilidad de transmisión ya que se contagia por vía aérea como los estornudos, por la saliva, por contacto directo y por elementos que han estado en contacto con sangre. La evolución de la enfermedad en un infectado es muy rápida y en unas 24 o 48 horas se pueden experimentar los síntomas más comunes como fiebre alta, sudor y ansiedad que puede provocar pesadillas y delirio. Luego se manifestaban las erupciones en la cara, en el cuello, en el pecho y en todo el cuerpo, que era invadido por las pústulas variolosas que provocaban fuerte dolor y de su pus se desprendían olores verdaderamente insoportables.

Una de las mayores preocupaciones de aquel siglo XVIII era encontrar una cura o un tratamiento efectivo para combatir la viruela. Destacó en esa circunstancia un guanajuatense nacido un 30 de marzo de 1739, en una casa del callejón del Calvario en el centro de nuestra ciudad. José Ignacio Bartolache médico y matemático que fue toda una celebridad en el mundo científico de su siglo, editor del periódico médico ilustrado El Mercurio Volante que presentaba noticias sobre física y medicina, publicó también Lecciones Matemáticas en 1739, Observación astronómica del paso de Venus por el disco del Sol, y la obra que despierta el interés para nuestro viaje al pasado de esta ocasión: Instrucción que puede servir para que se cure a los enfermos de viruelas epidémicas publicado en 1779.

Bartolache sugería, de manera anticipada a otros científicos de su época, que la infección se propagaba por contacto y que la mejor solución para evitar los contagios era la cuarentena, el aislamiento. Las recomendaciones del científico guanajuatense para sobrellevar la enfermedad incluían purgas, el uso de soluciones saladas, buen abrigo y mucho descanso que debería ser acompañado por una alimentación basada en agua y atoles además de la práctica cotidiana de higiene extrema.

Ese Siglo de las Luces, de la Ilustración, el sorprendente siglo XVIII testificó una de los más grandes logros en la historia de la humanidad cuando se descubrió el beneficio de la inmunología, ese estado de resistencia natural o adquirida que poseen ciertos individuos o especies frente a determinadas acciones patógenas de microorganismos.

El descubrimiento de la vacuna por Edward Jenner, el médico inglés que experimentó con la inoculación del suero extraído directamente de un ámpula variolosa. Jenner probó por primera vez su vacuna el 14 de mayo de 1796 inoculando a un niño de ocho años, James Phipps. Para ello el médico raspó el pus de las ámpulas de viruela de las manos de Sara Nelmes una lechera que había sido infectada por una vaca llamada Blossom y los efectos revolucionaron el mundo de la medicina.

En 1796, como referimos, se presentó una epidemia de viruela en la Nueva España y en consecuencia los efectos de esta se dejaron sentir en Guanajuato. Gobernaba la intendencia Juan Antonio de Riaño y Bárcena, hombre ilustrado que destacaba el valor del conocimiento científico y que se esforzaba por mejorar las condiciones de vida de los guanajuatenses y de ordenar en la medida de lo posible la ciudad capital y las poblaciones más importantes de la intendencia.

El Intendente reunió el 13 de septiembre, en las Casas Consistoriales, a los integrantes del Ayuntamiento para exponerles que la inoculación era el recurso más efectivo para combatir la viruela y prevenir un crecido número de contagios. De acuerdo a la información recabada en esa sesión se tuvo conocimiento que ningún médico de la ciudad sabía inocular puesto que nunca lo habían practicado, para atender esa circunstancia se resolvió enviar a la ciudad de México al médico Rafael Hernández del regimiento de caballería del príncipe para que aprendiera la técnica y, tan pronto como fuese posible, regresara  para replicar sus conocimientos con los galenos radicados en Guanajuato.

El viaje fue costeado con recursos aportados por las principales familias de la ciudad, también se solicitó al virrey, Miguel de la Grúa Talamanca de Carini y Branciforte, la autorización para disponer de los recursos necesarios para enfrentar la pandemia anunciada.

A principios de octubre el Intendente Riaño dispuso que los regidores comenzaran la vigilancia de los doce cuarteles en que estaba dividida la ciudad para llevar un registro detallado de los vecinos y poder detectar con prontitud a los infectados. Otro propósito de ese acercamiento con los vecinos era convencerlos de las bondades de la inoculación y comenzar a integrar un fondo de caridad para la adquisición de medicinas, ropa y alimentos para los enfermos.

Se ordenó la habilitación de dos hospitales que estarían destinados para mantener ahí a los pequeños inoculados. El 24 de octubre el Intendente Riaño y el Ayuntamiento se volvieron a reunir con la presencia de los nueve galenos que vivían en la ciudad para afinar los detalles de la estrategia de inoculación.

La población no estaba convencida de las bondades de la vacuna por lo que el Intendente junto con su esposa Victoria Saint Maixent Roche determinaron que sus pequeños hijos deberían ser inoculados en acto público en la Plaza Mayor (actual Plaza de la Paz) con el propósito de incentivar a la población a decidirse por la aplicación de la vacuna.

Esa tarea no resultó nada fácil ya que muchas familias enteras se ocultaban para no ser empadronadas o cambiaban con frecuencia de residencia para no ser formalmente ubicados o externaban cualquier pretexto para no inocularse.

A pesar de ello los resultados de esa estrategia fueron positivos. De un total estimado de 51,510 habitantes se logró inocular a 15,743 personas logrando así salvar la vida de miles de Guanajuatenses. En contraparte la cantidad estimada de fallecidos en esa epidemia alcanzó la cifra de 2,378 personas.

Así fue como se aplicó por primera vez la vacuna en Guanajuato hace 224 años. Sea también este paseo por nuestra historia un aliciente para que en la medida de lo posible nos vacunemos y sigamos manteniendo las medidas sanitarias recomendadas por las autoridades de salud.

Lecturas recomendadas:

Bosquejo de la viruela en México y la epidemia de 1797-98 en Guanajuato. De Rosa Alicia Pérez Luque. Publicado en la revista Testimonio número 2. Órgano de divulgación del Archivo Histórico de Guanajuato. Escuela de Filosofía, Letras e Historia. Universidad de Guanajuato. Octubre 1987 – Enero 1988.

El Intendente Juan Antonio de Riaño y Bárcena y su obra en la ciudad de Guanajuato. 1792-1810. De José Eduardo Vidaurri Aréchiga. Publicado en Colmena Universitaria número 86. Universidad de Guanajuato. Otoño 2007.

  J.E.V.A. Mayo 14 de 2021

1 pensamiento sobre “La viruela y las primeras vacunas en Guanajuato en el siglo XVIII

  1. La humanidad siempre ha sido reacia al progreso positivo, cuando se ven resultados o avances a favor entonces decimos si yo hubiera, gracias por compartir la cultura

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