La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna en Guanajuato a principios del siglo XIX

José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Cronista municipal de Guanajuato

En el anterior viaje al pasado abordamos el tema de la viruela y las primeras vacunas en Guanajuato a finales del siglo XVIII, nos referimos también al éxito de la vacunación brazo a brazo practicado por Edward Jenner quien observó que el cow-pox o pústula de las vacas lecheras si se transmitía a las campesinas, que se ocupaban de ordeñar las vacas, quedaban inmunizadas y no contraían la enfermedad.

Hablamos de cómo, el 14 de mayo de 1794, Edward Jenner aplicó por primera vez el exudado de una pústula -cow-pox- del brazo de la campesina Sarah Nelmes, al niño James Phipps con éxito. Jenner prosiguió con los experimentos que luego de ser documentados y divulgados recorrieron con mucha rapidez todo el mundo con muy buena aceptación.

Napoleón Bonaparte determinó que sus soldados deberían ser vacunados y así lo dispusieron también otros países. La noticia llegó también con prontitud a la Nueva España. Hicimos un apunte de cómo el Intendente Juan Antonio de Riaño y Bárcena organizó la estrategia para aplicar las primeras inoculaciones a la población guanajuatense durante la epidemia de viruela de 1797.

En esta ocasión, abordaremos algunos aspectos sobre la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, conocida popularmente como la expedición Balmis en honor del médico español Francisco Javier Balmis Berenguer que dirigió ese periplo por el mundo para lograr vacunar al mayor número posible de personas, principalmente niños, y frenar así la letalidad del virus.

Los historiadores de la medicina coinciden en señalar que esa expedición fue uno de los acontecimientos más maravillosos de la historia de la medicina por la nobleza de sus objetivos y por la proeza que significó en su época, se trató pues de la primera misión humanitaria de la historia.

La expedición transcurrió entre los años de 1803 y 1806 y logró llevar la vacuna de Jenner a los territorios americanos y asiáticos. La viruela era entonces la pandemia que más muertes ocasionaba sin distinción de edades ni posiciones económicas, las crónicas estiman que tan solo en Europa causó la muerte de 60 millones de personas y, quienes por alguna razón no morían quedaban marcados para siempre con terribles cicatrices.

España adoptó la vacuna de Jenner en 1801 y el médico personal del rey, Francisco Balmis, se convirtió en uno de los principales defensores y promotores de la vacunación por lo que expuso al rey la importancia de llevar a todos los territorios de la corona y de otras partes la vacuna, esa fue la idea que originó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna.

La expedición que duró tres años enfrentó un problema muy serio, el de la conservación de la muestra que tenía una duración de pocos días en envase, por ello el doctor Balmis tomó una sabia decisión, transportar el virus en receptáculos vivos, para ello tomó inicialmente 26 niños huérfanos de la Casa de Expósitos  de Santiago de Galicia y La Coruña que serían sucesivamente inoculados brazo a brazo durante el trayecto, dos cada semana, así se lograría llegar hasta América con el fluido fresco y en perfecto estado.

La expedición salió el 30 de noviembre de 1803 con los niños y la directora del orfanato Isabel Cendal a quien muchos consideran la primera enfermera que llegó a México, así como con un equipo de médicos y enfermeros y comenzó la aventura de ese periplo científico y esperanzador a la vez.

Tenerife en diciembre de 1803, Puerto Rico en febrero de 1804, Venezuela en marzo, ahí la expedición se dividió en dos, una iría al Sur y la otra que dirigía Balmis al Norte. En el transcurso del viaje la expedición enfrentó la ignorancia de las personas que no permitían que otros niños sanos sirvieran de conducto para conservar la vacuna de tal suerte que Balmis tuvo que comprar esclavos para transportar la vacuna.

En la Nueva España la expedición de Balmis causó de inicio mucho temor, la gente rechazaba la vacuna por lo que fue necesario vacunar a soldados y niños del hospicio, entonces para lograr despertar la confianza el virrey José de Iturrigaray y su familia exhortaron al protomedicato a sensibilizarse, salió en una procesión nunca vista y en el hospicio el médico Juan Arboleya inoculó al hijo menor del virrey, tal como lo había hecho el intendente Riaño en Guanajuato aquel año de 1797. La noticia corrió con velocidad por toda la Nueva España y la vacuna comenzó a ser aceptada, aunque con dificultades.

La vacuna viajó a Veracruz, Puebla, Oaxaca, Yucatán, Guadalajara, Valladolid, Zacatecas, San Luis Potosí, Querétaro y por supuesto Guanajuato en donde las extenuantes jornadas transcurrieron como referiremos.

Primero llegaron los oficios del doctor Balmis solicitándole al Ayuntamiento de Guanajuato dispusiera todo lo necesario para el cuidado del fluido y la estancia de la expedición.  También llegó el reglamento de la expedición. El alférez real Fernando Pérez de Marañón y el alcalde ordinario, consultor foráneo del Real Tribunal de minería don Martín de la Riva fueron los comisionados para cumplir esa encomienda.

En noviembre de 1804 llegó la expedición a Guanajuato que comenzó enseñando a los médicos locales cómo aplicar la vacuna y luego explicando que la propagación de esta sería gratuita. Una instrucción específica señalaba que debería darse prioridad a la gente pobre y a los médicos, que la vacuna debería aplicarse constantemente. La vacuna fue bien recibida en la ciudad ya que los efectos positivos de la campaña de inoculación de 1797 habían mostrado sus bondades.

Real cedula que ordena el establecimiento de las Casas de Vacunación Pública.

El doctor Francisco Javier Balmis se hospedó en una casona de la calle del truco y la vacunación comenzó en la mañana del 23 de noviembre en una casa de la calle de Zapateros (Actual callejón del estudiante). También se creó un Reglamento para propagar y perpetuar la preciosa vacuna en esta ciudad, para lo cuál se instaló una Junta Central de Vacuna que se integró con médicos, eclesiásticos y profesores. Se estableció una Casa de Vacunación Pública que debió estar localizada en el centro de la población y no en los hospitales ya que estos eran, por lo regular, desaseados y nauseabundos.

La Junta sesionaría dos veces al mes y revisaría con puntualidad como iba avanzando la vacunación en todas las poblaciones de la Intendencia, deberían informar al virrey de los avances.

El Intendente Juan Antonio de Riaño y Bárcena informó en 1807 los avances de la vacuna. En 1804 se vacunaron 113 niños; en 1805 fueron 1101; en 1806 lograron vacunar a 509. En 1807 hasta la presentación del informe habían logrado vacunar a 439 personas.

Siguiendo la pista de lo ocurrido en otras regiones de la Nueva España, la expedición y la vacuna no fueron del todo bien recibidas, el doctor Balmis atribuyó esto a la escasa ilustración de los habitantes y a la indolencia que mostró la población. Guanajuato no fue el caso ya que el Intendente Riaño y un sector importante de la población en Guanajuato eran personas ilustradas y afectas a la ciencia y el bien público. Balmis al retirarse de la Nueva España recomendó que los párrocos, los profesores, la justicia y todos los ilustrados personajes de la sociedad establecieran un santuario a la vacuna.

Así fue como en 1797 con la estrategia del Intendente Riaño y, en 1804 con la expedición del doctor Francisco Javier Balmis Berenguer comenzó, en Guanajuato, la cultura de la vacunación en esas constantes batallas por preservar la salud que seguimos enfrentando.

J.E.V.A. Mayo 21 de 2021

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