La conjunción Y

La Y es una palabra cuando está en un enunciado. Por esa razón introduce intención, propósito, a lo que se dice. Quizá por ser tan breve, no se valora bien su peso e intención. Su abuso al enlazar oraciones no solo es un vicio en el estilo de redacción, también refleja falta de jerarquización por su usuario. Es decir, refleja falta de organización en las ideas. Por ello, combatir su abuso, mejora las habilidades de reflexión y evaluación.

El nombre de la vigesimosexta letra del alfabeto es ye. Se trata de una consonante, a pesar de que en determinados contextos tiene sonido similar a la vocal i. Esta es la razón por la que nunca puede recibir el tono fuerte de una palabra, como muchas veces pasa con los acrónimos mal pronunciados (en Conacyt el tono fuerte debe recaer en la vocal a; esta palabra solo puede ser bisílaba).

Antes se le llamaba «i griega». En la nueva Ortografía académica se pide dejar ese nombre para llamarle ye. En contraparte –porque se recurría a ese nombre para diferenciarla de la i–, la vocal debe ser reconocida simplemente por su sonido o por el nombre vocal i.

Como palabra se clasifica como conjunción. De las alternativas de esta clasificación cae en las copulativas. Este nombre lo recibe porque su función es vincular dos elementos, que pueden ser sustantivos (personas, animales, cosas o conceptos); verbos e, incluso, enunciados.

Si se aplica a varios sustantivos, la coma sirve como vinculante de cada uno respecto del conjunto; la ye en esos casos se usa como sustituto de la última coma para indicar que hasta ahí finaliza la enumeración. Por esta razón nunca debe haber coma junto a una ye para este caso (es decir, sí puede haber una coma junto a una ye, pero será por otros usos de la coma).

La ye debe ser sustituida por la vocal e cuando la siguiente palabra inicie por sonido i, como cuando se dice: «Fernando e Isabel, los Reyes Católicos». No aplica este intercambio cuando el siguiente vocablo tenga diptongo: «Fabricamos sillas de madera y hierro».

El vicio de redacción se da cuando se enlazan enunciados sin verdadera necesidad de vinculación. Por ejemplo en el enunciado (compuesto por dos oraciones): «Se golpeó y murió al día siguiente»; la ye deja ver con claridad que la razón de la muerte fue el golpe.

En oposición, si enunciamos «Se elaboró el informe y no fue firmado hasta su revisión», el sentido vinculante de la ye hace perder intensidad al segundo enunciado. Es decir, si en vez de ye se usa un punto y seguido, dos puntos o hasta una coma, el sentido de la segunda oración se hace más enfático.  

Por último, el abuso de la ye en un texto para vincular sin un propósito definido a los diversos enunciados hace parecer que se añaden por improvisación, no por una estructuración lógica del desarrollo discursivo. De ahí la recomendación del punto y seguido cuando no sea necesaria la ye.

sorianovalencia@hotmail.com

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