José Eduardo Vidaurri Aréchiga

Cronista municipal de Guanajuato

Siempre que por alguna razón abordo un tema relacionado con las tradiciones de Guanajuato, como en el caso de hoy, experimento una profunda y gratificante emoción porque se trata de esas expresiones que nacen de lo más profundo del sentimiento popular, expresiones auténticas que se mantienen, por fortuna, lejos de las influencias que distorsionan el sentido y la manera de vivir, de mostrar y expresar una creencia, un sentimiento o una emoción.

Hoy con profundo respeto y admiración comentaré algo, muy breve, sobre San Antonio de Padua y su camino a la santidad, me referiré también a la tradicional fiesta de San Antonio en el barrio de la Bola, en los Ángeles justo en sus 119 años haberse celebrado por primera vez. La celebración de San Antonio es muy popular en nuestro país desde hace ya siglos. San Antonio de Padua, cuyo nombre original fue Fernando de Bulloes y Taveira nació en Lisboa, Portugal, en el año de 1195, cuando tenía 15 años decidió ingresar a la orden de San Agustín en el convento de San Vicente que se ubicaba en uno de los extremos de Lisboa.

Pintura Bartolomé Esteban Murillo. 1666

Luego, procurando evitar cualquier tipo de distracción decidió el joven fraile trasladarse a la Abadía de Santa Cruz de la ciudad de Coimbra donde se dedicó de lleno al estudio y la oración; pero su aislamiento se vio alterado cuando tuvo noticia de que habían llegado a la ciudad los restos de unos mártires franciscanos que habían sido sacrificados en Marruecos, motivado por ello solicitó la autorización para pasar a formar parte de la orden franciscana adoptando el nombre de Antonio en honor a San Antonio Abad a quien estaba dedicado el convento de la comunidad franciscana que lo recibió.

Cumplió con la misión en África, aunque enfermó de gravedad por lo que tuvo que volver en una embarcación que lo condujo a Sicilia desembarcando en Mesina, ahí tuvo noticia de que Francisco el fundador de la Orden se encontraba en Asís, hasta ahí fue Antonio a conocer a San Francisco el de Asís. Luego se concentró en el convento del Monte Paulo donde mostró sus grandes dotes de orador y posteriormente pasó a continuar con sus estudios en Bolonia, en Tolosa, en Montpellier y en Padua.

Su prestigio como predicador se extendió muy rápidamente,  cuentan que multitudes se congregaban para escucharle predicar, se dice que en vida pronunció más de seis mil sermones, era además conocido por sus milagrosos dotes para curar y convertir; cuentan también que uno de sus anfitriones, lleno de curiosidad, decidió asomarse a la habitación del fraile para tratar de descubrir la razón de su grandeza, pero más grande fue su sorpresa cuando presenció una escena fantástica, vio al fraile Antonio de rodillas sosteniendo al niño Jesús quien le acariciaba dulcemente.

El fraile Antonio falleció el 13 de junio del año 1231 cuando apenas tenía 36 años (hace 789 años). El proceso de canonización fue muy rápido y duró únicamente 352 días en atención al reconocimiento de sus milagros y virtudes.  

A San Antonio de Padua se le reconoce también como San Antonio de Lisboa y el doctor de la Iglesia. San Antonio es el abogado de los novios, el patrono de los pobres, de los papeleros, de los albañiles, de las mujeres estériles y de los panaderos y aquí, en nuestro Guanajuato fue también el santo patrón del ya desaparecido gremio de los aguadores.

Dos historias contrastantes.

La primera: probablemente algunos de los lectores recordarán una, muy sonora, nota periodística que circuló en los medios nacionales e internacionales  en diciembre del año 2015, en ella se informaba que una prestigiosa empresa de subastas de la ciudad de México había rematado, por sólo $ 3,500, una escultura de cantera de San Antonio de Padua con el niño Jesús, misma que había permanecido desde el siglo XVIII en la hornacina de un edificio, que existió, en la esquina que forman las calles de Cruces y Uruguay en el centro histórico de la ciudad de México.

Imagen de la escultura perdida y rematada. Foto Internet

La escultura estuvo perdida luego de la demolición del edificio y, de pronto, apareció en la subasta. Pero ¿cómo se llegó a saber eso? pues un historiador, Javier Lara Bayón, consultando el libro de Guadalupe Toscano titulado “Las hornacinas del centro histórico de la ciudad de México” dio con la clave, un vestigio de la ciudad virreinal que se “perdió” como consecuencia de la falta de pericia y sensibilidad de algunas personas había sido rematado sin considerar su verdadera importancia.

La segunda historia ocurre en nuestro querido Guanajuato y tiene características totalmente diferentes, es una historia de fé, de sensibilidad y de un humilde y gran corazón.

Cuentan que la ciudad sufrió, a principios del siglo XX, una terrible inundación, de esas que dejan tristes y desgraciados recuerdos. Luego en una caminata por los meandros del río que traviesa nuestra ciudad, fue encontrada una maltratada escultura de San Antonio de Padua, solo quedaban parte del torso y la cabeza, la escultura fue rescatada con una amorosa sensibilidad y se convirtió en una imagen de profunda devoción.

Fue necesario buscar los recursos económicos y a un artesano que fuera capaz de restaurar con respeto y devoción la imagen del santo, devolverle su condición de imagen de bulto de cuerpo entero, algo que hizo, cuentan también, un artesano de Silao.

Luego, a partir del año de 1901 comenzó la familia Oliva a ofrecerle a esa venerada imagen de San Antonio, en su día, una celebración que, a la fecha, 119 años después, se ha consolidado como una de las más festivas y apreciadas por la comunidad guanajuatense y de otros lugares ya que vienen muchos, desde lejos, para agradecer la providencia, la casa y el sustento, a pedir por los presos y enfermos, por los niños que carecen de alimentos y, naturalmente, por las necesidades de cada quien.

Grupo de danzantes en la calle del Sol durante la celebración a San Antonio 2019. Foto J.E.VA.

Se trata de una celebración para agradecer con velaciones, alabanzas, rezos, bendiciones, flores, música, danza y con mucha fraternidad y solidaridad a San Antonio de Padua, el “San Antoñito” que se venera en el barrio de La Bola, una tradición que ha sido heredada de padres a hijos por varias generaciones; los padres enseñan a los hijos a cantar, a rezar y a danzar en honor del Santo.

Fotografía propiedad de la familia Oliva-

La fiesta de San Antonio es una auténtica tradición de nuestro Guanajuato, es además un factor importante de cohesión social del barrio de la bola. Ha correspondido a la familia Oliva que custodia la imagen de San Antonio que se venera públicamente en la capilla doméstica que conservan y donde continúan la tradición y las historias vividas y contadas desde 1901.

Es a ellos, a don Cirilo Oliva, a don J. Isabel Oliva Sánchez, a don Carlos Oliva Mares y, actualmente, a Carlos, Antonio, Fermín y Victoria Oliva, los herederos del Generalato a quienes debemos reconocer la fuerza integradora de la comunidad de vecinos y amigos que solidariamente se organizan para sufragar los gastos y resolver la logística que implica la celebración.

Fotografía propiedad de la familia Oliva-

La fiesta de San Antonio se extiende por tres días en los que el tronar de los cuetes, desde la alborada, anuncian que la celebración ha comenzado o que continúa, la presencia de danzantes o concheros es imprescindible pues debemos también a la familia Oliva, a la primer mujer Capitana General dentro de la tradición Conchera Carlota Briseño y al Capitán General de los Chichimecas de Guanajuato Cirilo Oliva la fundación de la Mesa General del Señor San Salvador Consuelo de los Afligidos, Cuartel General de Altos y Bajíos de Guanajuato, Gto.

En la actualidad la celebración logra concentrar la amistosa y ferviente presencia de danzantes provenientes de otras mesas que suman, de pronto, más de 500 danzantes reunidos en la celebración de San Antonio; qué decir de la presencia de múltiples bandas de viento que amenizan la celebración, las milicias del Señor San Miguel que acompañan al santo en su día, en la siempre impresionante procesión que, como una hermosa serpiente emplumada, se apodera de las calles de nuestra bella ciudad para llenarla de esa energética vibración al ritmo de las conchas, los huethuetls, los teponaztles, los ayacachtli o sonajas, los ayoyotes, tenabaris o hueseras que se colocan en los tobillos, o del poderoso y evocador sonido del caracol Marino.

Con ellos avanzan los fieles, unos vestidos como el santo, las niñas y niños que celebran su primera comunión, las cargadoras y cargadores que llevan sobre sus hombros a un San Antonio orgulloso de su fiesta y de la devoción que se le rinde con tanto cariño en ese barrio tan guanajuateño, en toda la ciudad y en todas partes.

Ese día podemos sentir el poderoso legado prehispánico, el siempre místico y conmovedor sentimiento de la religiosidad popular, ese día se apoderan de la cañada con la estruendosa y colorida procesión, con el eco de los cuetes, con los tambores, con las danzas y con la algarabía del pueblo de Guanajuato.

Este año, tristemente, no estallará el júbilo ni se escuchará la algarabía porque son tiempos difíciles, son tiempos de estar a resguardo y ser cuidadosos, la tradición está viva, la danza, la música y la fiesta están en pausa, a buen resguardo, la fiesta estará sin duda presente en nuestra mente y en nuestros corazones con la esperanza y la emoción de que el próximo año San Antonio haga vibrar la ciudad.

Un saludo solidario a los guardianes de nuestra tradición.

Recuerden apoyar las acciones del gobierno y del DIF municipal visiten www.fuerzacapital.com y seamos solidarios todos con todos.

POR FAVOR, DE SER POSIBLE, QUÉDENSE EN CASA

J.E.V.A.2020. JUNIO 12.

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