Joaquín, Ramírez Cuevas, la vocera y la destrucción de la comunicación política

José Luis Camacho Acevedo

Como periodista y, sobre todo, como observador tan agudo como intuitivo del quehacer público en México, es una obviedad decir que Jesús Ramírez Cuevas y su desconocida vocera, no tienen nada qué hacer en un debate frente a un ícono de la radio y la televisión nacional y de reconocimiento mundial, como es Joaquín López Dóriga.

Apuntan en los cursos de posgrado de la Universidad Iberoamericana sobre la comunicación política, entre otros, las siguientes concluyentes y asertivas definiciones:

“La comunicación política ha sido una disciplina de estudio desde que tenemos conocimiento de las civilizaciones. En este post te contaremos a qué se refiere este término, qué realmente no es comunicación política y cuál es la finalidad de ella.

Establecer procesos de comunicación es un factor en común que tienen todos los regímenes políticos, y es que, sin comunicación no existe la política. Estos dos aspectos han sido fundamentales para el desarrollo del hombre, por ejemplo, en la organización de Estados y sus potencialidades económicas, sociales y, por supuesto, políticas.

La unión de estos dos conceptos (comunicación y política) se debe a que los gobernantes necesitan el apoyo de los ciudadanos para desarrollar sus proyectos e ideas y, los gobernados quieren darle a conocer las necesidades y expectativas a quienes los dirigen.”

Me pregunto: ¿Qué tuvieron de comunicación política los galimatías que externó la desconocida vocera de Jesús Ramírez Cuevas (ella no tiene la culpa de que su jefe la esconda entre las virtudes teologales del anonimato) de para condenar, falseando la realidad, como mentiroso a López Dóriga por haber revelado un video en el cual aparece un hombre armado muy cerca del presidente López Obrador cuando realizaba una gira en el estado de Guerrero?

Si el objetivo de Ramírez Cuevas era mandarle un mensaje a Joaquín de que le puede pasar lo que han padecido como exilios Carlos Loret de Mola y Brozo, la verdad es que le creó a López Dóriga un escudo de protección porque si lo destierran y lo proscriben, todo mundo achacará al presidente López Obrador una vocación peligrosamente proclive al autoritarismo y una tentación irrefrenable de censura mediática en tanto que los conceptos de varios comunicadores (Ciro Gómez Leyva, Raymundo Riva Palacio, Francisco Rodríguez, entre los más mencionados como enemigos de la 4T en las mañaneras) no le suenan como aplausos o reconocimientos.

Si Ramírez Cuevas cree que en esa forma le está “ayudando” a crear comunicación política al presidente, la verdad es que le está haciendo un gran daño al primer mandatario en la medida en que destruye el circuito de la comunicación entre AMLO y el pueblo que votó masivamente por él el pasado julio del 2018.

Y a tres años de distancia, hasta los que no sufragamos por el tabasqueño, somos víctimas de la incomunicación política de su gobierno.

Pero sin que se perciba la menor intención de bajarse de su macho censurador, tanto Ramírez Cuevas como los aplaudidores del poder en turno, no nos resta a los inermes “neoliberales” y enemigos de la 4T, que aplicarnos la sabia sentencia campirana que reza:

¡Pues ni modo, con estos bueyes tendremos que arar¡

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