Independencia

La palabra ‘independencia’ está constituida por dos elementos, el prefijo in- que implica negación y el vocablo ‘dependencia’, que tiene la connotación de ‘estar sujeto a…’. El movimiento armado iniciado el 16 de septiembre de 1810 no buscaba abandonar la dependencia de España (limitado al poder político, pues la península dependía mucho de los productos de las colonias). El levantamiento estaba más interesado en echar del poder a la administración de José Bonaparte, impuesto por su hermano Napoleón en España, que en tener un Gobierno propio. No obstante, el movimiento armado iniciado por Miguel Hidalgo, once años y once días después derivó (gracias a condiciones extrañas a la misma insurrección) en la proclamación como una nación independiente a nuestro país, el 27 de septiembre de 1821. Este debía ser el verdadero Día de la Independencia.

Hace unas semanas abordé lo que significa, acorde con criterios filológicos y no puramente etimológicos, la palabra México. Este debió ser el nombre de identidad a partir de la independencia política y porque los mexicas era el grupo dominante mayoritario cuando los españoles conquistaron estos territorios. Además, acorde con la tradición cultural de ese pueblo, la fundación (y la Independencia implicaba una refundación), tenía todos los elementos para retomar el nombre, aunque se desconociera en ese momento a ciencia cierta el significado del topónimo.

Otro elemento más que propiciaría una adecuada identidad, era la señal de la fundación de México-Tenochtitlan. Los independentistas, criollos básicamente en los niveles de mando y, por tanto, los que tomaban las decisiones, llevaban a cuestas dos elementos que mezclaron con el concepto mexica. Por una parte, las casas nobles europeas básicamente en sus escudos de armas tenían una águila, que coincidía con la señal prometida a los mexicas; y por la otra la religión católica, la eterna lucha del bien y del mal. Entonces, en un lenguaje simbólico, basado en la señal prometida a la tribu del imperio originario, acuñaron el escudo nacional: un águila devorando a una serpiente. El águila sobre el nopal como símbolo del pueblo mexicano y la lucha contra la serpiente como metáfora del catolicismo de la lucha del bien y del mal. Es decir, el escudo nacional es un sincretismo del símbolo mexica de la fundación (nopal, lago y piedra incluidos) y elementos de la cultura occidental, con olivo y laurel como representación de la paz con Dios y victoria sobre los opositores, respectivamente. En palabras diferentes, una clara muestra del sincretismo que ha caracterizado nuestra nación.

La mayoría de las representaciones mexicas de la fundación, en particular el códice Mendocino, no presentan alguna serpiente en el pico del águila. Un monolito, actualmente en el museo Nacional de Antropología muestra a un águila con algo que podría confundirse con una serpiente por lo curvado de los trazos. En realidad se trata del símbolo atl-tlachinolli que es la representación de la guerra sagrada. Es decir, este símbolo confirma que la fundación de México debe expandir el pensamiento religioso de los mexicas, según el cual la sangre sirve de alimento a los dioses para mantener vivo al Quinto Sol. Por ello, la pieza a la que aludido le llamó Alfonso Caso, Teocalli de la Guerra sagrada.  Mañana celebremos el día que empezamos a llamarnos México para el que se acuñó el bellísimo escudo nacional, símbolo de nuestra identidad nacional, mestiza, sincrética, con múltiples raíces y con un solo espíritu, el mexicano.  

sorianovalencia@hotmail.com

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