Flor de Navidad

Mercados, casas y pasos peatonales lucen hoy una de las flores más bellas del planeta. Es uno de los elementos característicos de la Navidad en México, sin duda. Se le conoce como Flor de Nochebuena. Su nombre original es cuetlaxóchitl (flor de cuero); y su nombre científico es Euphorbia pulcherrim. Durante un tiempo se le conoció como poinsettia porque un embajador norteamericano en México con ese apellido la llevó a su país y desde ahí se comercializó a todo el mundo. Procede del centro de México y es un regalo de nuestro país para el mundo.

Cuando México finalmente obtuvo su independencia, Estados Unidos nombró a Joel Robert Poinsett primer embajador en nuestro país. Este personaje era un botánico aficionado. Al recorrer Taxco, se maravilló con esta planta que adornaba la ciudad. Decidió entonces llevarla a su país pues era del todo desconocida.

Fue presentada como planta comercial por primera vez en Filadelfia en 1929 (dos años después de la Independencia de México). De esos ejemplares obtuvieron semilla y lograron reproducir en un rancho norteamericano de la familia Elke (la diferencia climática y de suelos en ocasiones hace imposible la adaptación de las plantas). Esta familia la comercializó por toda la Unión Americana. A Europa la introdujo el viverista Robert Buist, gracias a los climas más o menos controlados de los viveros de aquellos luegares.

En México recibe el nombre de nochebuena; pero en Honduras, Guatemala y El Salvador se le llama pascua; en Costa Rica y Nicaragua, pastora; en Argentina, Paraguay y Uruguay, estrella federal; en Colombia, poinsettia; en Venezuela, papagayo; en Perú, flor del inca y en Chile, Corona del Inca.

En México recibe varios nombres: bandera (Durango), bebeta (Veracruz), catalina (Oaxaca). Nombres comunes en idiomas indígenas de México: cuitlaxóchitl (náhuatl); aijoyó (zoque); gule-tiini (zapoteca) y lipa-que-pojua (chontal); pastushtln (totonaca); poscuaxúchitl (dialecto mexicano de Tetelcingo).

Hay una leyenda sobre su origen con múltiples versiones. Sucede en el antiguo México ya  catequizado. Se cuenta que un niño (en otros lugares en una niña, Camila o Lucía) de escasos recursos no tuvo dinero para comprar un regalo. Todos en su localidad solían presentar regalos al Nacimiento antes del 25 de diciembre. Triste por su situación, arrinconado para no ser visto, llora. Un ser mágico (en Camilia se trata de un ángel) retoma esas lágrimas y las transformó en la Flor de Nochebuena. En otra versión, el menor lleva unas ramas verdes que, al estar en contacto con el Niño Jesús, se transforma en la flor.

Muy seguramente el origen de estos relatos tiene su origen en el interés de los sacerdotes para que los indígenas abrazaran cada vez más fuertemente la religión católica.

Sin embargo, desde antes de la llegada de los españoles, la flor ya se utilizaban en celebraciones y rituales como símbolo de la pureza y la vida nueva de los guerreros. Se ofrendaban al Sol junto con la sangre del guerrero para renovar sus fuerzas, para hacerle fuerte o difícil de vencer en batalla.

Independiente de su nombre, origen y leyendas, la Flor de Nochebuena es tan bella que desde tiempos prehispánicos ocupa un lugar especial en la vida de los mexicanos. En invierno es, precisamente, cuando encuentra su mayor esplendor.  

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