Escribir como se pronuncia

Una de las particularidades del español es que se escribe como se pronuncia. Y a pesar de la sencillez de esta regla, su aplicación crea conflictos, imprecisiones e inseguridad al enunciar algo.

Uno de esos aspectos, ya tratado en anterior ocasión, es asignar sonidos a ciertas consonantes que no les corresponde en nuestra lengua. Por influencia de otros idiomas creemos que el español coincide fonéticamente con otras lenguas y no es así. Es el caso de las personas que son registradas como Janet que lo pronuncian como si la jota tuviera sonido ye. Lo mismo pasa con el nombre Cristian, al que añaden una H después de la C, cuando en nuestro idioma esa combinación produce el sonido che.

Casos como los señalados no están admitidos pues no corresponde a la fonética de nuestro idioma. El uso mayoritario no lo reconoce, que es lo identificado por las Academias en todos los países hispanohablantes.

La función del idioma es para comunicarse. Por eso, si en una determinada región funciona una palabra, aunque no sea reconocida, admitida oficialmente por los académicos, ello no la invalida para esa zona, pues cumple con la función de forma satisfactoria.

Hace unos días charlaba al respecto con mis amigas Magdalena Patlán y Guadalupe Tierrablanca, de profesiones alejadas de la lingüística. Con la primera de ellas, abordamos el tema de la conjugación con el pronombre vos, característico de Argentina, pero también presente en algunas regiones de Uruguay y Paraguay. A pesar de no ser común fuera de esa zona, la cantidad de gente que la usa hizo necesario incorporar oficialmente su acento. Por ejemplo, en esa zona se conjuga el verbo mirar como «mirás», a diferencia del resto de hispanohablantes que ese imperativo lo conjugan como «miras». Por supuesto, como esa palabra, casi todo el vocabulario en español tiene otra acentuación (gráfica y fonética). 

Por su parte, Guadalupe Tierrablanca, originaria de San Miguel Octopan en Celaya, Guanajuato, México, observaba que en un chat de habitantes de ese poblado cuando alguien pregunta por algún lugar de venta de algo suelen responder: «Antá Amelia» o «Antá Chucho». La palabra *antá, desde luego, no está recogida en el Diccionario (ni siquiera el de mexicanismos), pero cumple a cabalidad con la función de hacer comprender «En el negocio de…».

En este último caso, frente al anterior citado, no se incorpora a la gramática y ortografía académicas porque es muy restringido su uso. Las Academias no recogen todas las particularidades regionales. Aunque esto, de alguna forma está medio compensado por el Diccionario de americanismos y, por supuesto, los diccionarios del léxico local, como el de argentinismos, mexicanismos, uruguyismos, etc.

Voces comunes en toda América como andenantes, ansina, truje, jallar, etcétera, no están recogidas porque son arcaísmos. Es decir, esos vocablos eran parte de nuestra lengua y los actuales documentos que describen nuestro idioma se centran en el español moderno.

El apego a las normas generales de la actual Ortografía, Gramática y Diccionario es no perder unidad, pero siempre con respeto a las particularidades regionales.

sorianovalencia@hotmail.com

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