En el siglo XVI se abrió el camino México-Acapulco

PARTE 6

Antes de la conquista de México, a pesar de que la red caminera era completa para las necesidades de la época, los caminos consistían en senderos y veredas, ello era suficiente, puesto que el tránsito se hacía a pie, pero cuando se fundó la Nueva España y los conquistadores trajeron bestias de carga y tiro, especialmente el caballo, fue necesario construir caminos anchos para el paso de vehículos de ruedas.

La primera audiencia, establecida en 1527, comenzó a abrir camino entre México y Veracruz, de gran trascendencia porque era la comunicación entre la Nueva y la Vieja España y por donde había frecuente tránsito de viajeros y mercancías. Para su sostenimiento   fueron creadas las Gabelas de ‟peaje” y ‟avería” que eran administradas por el tribunal del consulado, instalados en México, uno en 1580 y en Veracruz en 1795, esa institución análoga a la que funcionaba en Sevilla, conocía los pleitos y discusiones sobre fletes y materia comercial, controlaba las rutas navales y terrestres, y en la Nueva España construyó numerosos caminos, de los cuales se encargaba también de su operación y conservación, en el de Veracruz, el tránsito comenzó a caballo por los hombres y en literas para las damas, transportándose a lomo de Mula.

Poco después, en el mismo siglo XVI fue abierto el camino de México a Acapulco, el cual tomaba inusitada actividad cuando arribaban al puerto las ‟Naos” de China procedentes de Manila, trayendo de Oriente, mercancías finas y de lujo, los comerciantes de la Nueva España formaban caravanas que se dirigían a Acapulco para adquirir los codiciados artículos en la capital del Virreinato, en las Naos tomaban pasaje de ida o vuelta a las Islas Filipinas funcionarios del gobierno Español o religiosos que viajaban por asuntos de cargos.

Posteriormente fueron abiertos otros caminos, según se iban creando nuevos centros demográficos, bien por el descubrimiento de minas, como en Zacatecas, Guanajuato, Taxco y San Luis Potosí, o por el establecimiento de industrias, como la de la seda en Oaxaca y la bonanza de otras en Guadalajara, Valladolid, hoy Morelia y Querétaro.

Algunos años después del establecimiento del régimen colonial, ya existían cuatro caminos ejes en el país, gracias a la actividad del Consulado de México; el de México a Santa Fe, en Nuevo México hacía el norte por Durango, con ramales a Monterrey, San Luis Potosí y Guadalajara, el camino a Guatemala, hacia el sur por Oaxaca, el de Veracruz, hacia el oriente, por Orizaba y Jalapa, y el de Acapulco, por Cuernavaca y Chilpancingo, luego hubo otro camino de México a Veracruz por Puebla y Jalapa, el de Zacatecas a nuevo Santander, Coahuila; el de Guadalajara a San Blas, el de Valladolid a Colima y el de Durango a Mazatlán.

Viajar en aquellos tiempos era una aventura peligrosa porque los asaltos eran frecuentes, por ello se acostumbraba que las caravanas de comerciantes fueran armadas, los viajeros procuraban unirse en grupos o protegerse con escoltas y muchas veces esperaban ‟la conducta” o sea él envió de caudales al monarca que iba acompañado de un destacamento para su protección, los ricos llevaban su propia seguridad, con grupos de criados de sus haciendas muy bien armados, el transporte se hacía en carros, cuando se podía para los niños, mujeres y ancianos, los hombres preferían el caballo.

Una relación de fines de siglo XVII, citada por el historiador Luis Chávez Orozco, asienta que los caminos de esa época ‟no es otra cosa que embarazados para transitarlos; los pedregales, lodazales, barrancos y cuestas son muy frecuentes y en los ríos y arroyos de alguna consideración no se halla más que un tal cual puente… por esos inconvenientes tan notorios se experimentan precios excesivos en los fletes…, en algunos parajes adentro, en donde la tierra es dura, llana y limpia de pedregales y sin ríos, hacen uso de carretas tiradas por bueyes y conducen cada carga de maíz por dos pesos de flete en la distancia de ochenta leguas…”

El comercio sufría enormes pérdidas con los frecuentes asaltos y ello impidió el incremento de los viajes, mercantiles o placer, para remediar esa situación desde 1552 se había creado la Santa Hermandad, destinada a limpiar los caminos de ladrones, más tarde en 1710 resurgió con el nombre de Tribunal de la Acordada, el cual se distinguió por la rapidez de sus tramitaciones y la severidad de sus penas, logrando imponer cierta tranquilidad a los caminos de la Nueva España.

Las rutas por mar eran únicamente a España, quien conservó el monopolio del comercio con sus colinas y desde 1503 funcionaba la casa de contratación de Sevilla, que regulaba el comercio colonial americano, los únicos puertos autorizados para el comercio con América eran Cádiz y Sevilla, y en este continente sólo disfrutaban del privilegio de comerciar con España, los de Veracruz, Panamá y Cartagena.

Poco después de iniciada la colonización española en América, los buques hacían viajes comerciales en cualquier tiempo, pero a mediados del siglo XVI y debido al incremento de la piratería, se dispuso la partida de flotas que viajaban cuando menos una cada seis meses, cada año se formaban dos , una para tierra firme, Colombia y Venezuela y otra para la Nueva España, a partir de 1564, la flota de la Nueva España salía sola en el mes de Abril, para pasar por la Dominicana y terminar en San Juan de Ulúa, Veracruz, para retornar a España en el mes de Febrero siguiente, para proteger a las flotas se crearon dos armadas, una de las cuales tenía como asiento el puerto de Veracruz, llamada la Armada de Barlovento, cuya misión era perseguir a los piratas, pero poco éxito tuvo contra los depredadores de los mares.

De España, venía aceite, vinagre, vino, lencería, vajillas, jarcias, papel, objetos de hierro, aguardiente y jabón.

De México se remitía, oro, plata, azúcar, cueros, grana, palo de tinte, jalapa (especie vegetal) y añil.

A principios del propio siglo XVI la Nueva España tuvo florecientes relaciones comerciales en Filipinas y otros lugares de América, el comercio en Perú, en 1595 era floreciente, se mandaba de México, tejidos de seda, mercancías chinas y japonesas y se recibían de allá, oro y plata, cabe señalar que la elaboración de la seda, llegó a tener gran importancia en la Nueva España y se trabajaba la producida aquí y la traída del Perú, produciéndose, terciopelos, damascos, mantos, tocas, tafetanes y otras telas de lujo.

El floreciente comercio de la Nueva España afectó los intereses de la Madre Patria y por ello, el Consulado de Sevilla prohibió el tráfico con Perú, años después, se ordenaría que no pasara de la Nueva España a otras partes la ropa de filipinas, y en 1581 otra disposición terminó el comercio de efectos Filipinos a otros sitios de América, la Nueva España fue el único País autorizado a comerciar con Filipinas, tres veces al año venía de Manila una Nao o un Galeón, cargado de mercancías orientales que eran descendidas en Acapulco, donde acudían las caravanas de comerciantes de todo el continente para adquirir artículos de lujo, la mayor parte de los cuales se vendían luego en el Parían ubicado en la plaza mayor de México.

 

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