Escribe: Nicolás Martínez Cerda.

Al Doctor Oliverio Tijerina Torres, ex-rector de la UANL

y a los maestros David Martell Mendez y

 Carlos Francisco Cisneros Ramos

El movimiento estudiantil del año de 1968 plantea una revolución cultural y social de naturaleza democrática y es apoyado por la Universidad Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Escuela de Agricultura y las Escuelas Normales. El movimiento estudiantil lucha contra el sistema del Gobierno autocrático, por eso se da el enfrentamiento crítico, y se enfrenta a instituciones corrompidas y en la lucha interviene los brigadistas del 68, el comité de lucha, los volantes mimeografiados y el consejo nacional de huelga.

El movimiento estudiantil plantea una reforma democrática, exigía la derogación de los delitos de disolución social mal configurados en el artículo 145 bis del CPF evidentemente inconstitucional, pues reprimía el delito de opinión, la liberación de los presos políticos, también exigían el cese del jefe de policía cuya institución física y legal era golpear y torturar y a ello se adhieren los granaderos y la terrible intervención del ejército, esas fuerza represiva que destrozaron la fuerza de la preparatoria de San Ildefonso, con un bazukazo, a este hecho se da la toma del ejército a las Universidades de Michoacán, Puebla, Sonora y de Tabasco con la represión de estudiantes y maestros. Los granaderos penetraron a la escuela de Bellas Artes. Todo ello en la razón del Estado que la razón rechaza. El poder se manifestó arrogante, por lo que no reconoció sus límites constitucionales, pues mostraba su cara demoniaca con la brutal represión que unió a los estudiantes.

Se recuerda la célebre “manifestación del silencio” encabezada por el digno rector de la UNAM, Ingeniero Javier Barros Sierra, que se integraba de cuatro mil personas y que legitimaba la lucha contra el sistema político.

Participaron en el movimiento estudiantil Jose Revueltas “Uno de los hombres más puros de México” como afirmó Octavio Paz, Manuel Marcue Pardinas, editor de la Revista Política, Eli de Gortari, maestro universitario, dando con su participación al movimiento prestigio y fuerza moral, demostrando que en México los estudiantes, maestros e intelectuales los metían en la cárcel en el Palacio negro de Lecuberri por apoyar a el movimiento estudiantil democrático.

Se demostró que los estudiantes del Consejo Nacional de Huelga y la coalición de maestros aceptaban el diálogo con el Gobierno, pero que este fuera público, pero naturalmente el gobierno quería “pláticas de recamara”, por los que los estudiantes no aceptaron pues ellos sostuvieron que el diálogo tenía que ser público, y el gobierno no pudo corromper al movimiento, sostuvo María Del Rio Capistran estudiante de odontología de la UNAM. El propósito de que el diálogo fuera público sostuvo el soberano intelecto de Don Daniel Cosío Villegas era “hacer pública de verdad la vida pública”, efectivamente el Presidente debió hacer pública la verdad, quitándose la máscara, no lo acepto no obstante que era el momento de extender la mano de la paz, lo que rechazó por lo que el poder dictatorial era sin límites y por ello se dio la demencial depresión. Ante tal situación los estudiantes acordaron la reunión en la Plaza de Tlatelolco.

Jamás se justificará que el ejército haya violado la autonomía de las universidades y ante la ocupación militar de la Universidad Nacional y del politécnico, los estudiantes acordaron reunirse en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, a la que el ejército cercó y se ejecutó la feroz matanza de estudiantes y maestros. Los granaderos y soldados desaparecían a los estudiantes sostiene Luis González De Alba integrante del CNH. Los estudiantes se encontraban reunidos porque ahí se iba a plantear el programa a seguir por el consejo Nacional de Huelgas Y fue cuando comenzó la lluvia de balas disparadas contra indefensos estudiantes y maestros, resultando miles de heridos y cientos de muertos por las fuerzas represivas, entre ellas por el ejército cuya intervención fue autorizada por el dictador fascista Gustavo Díaz Ordaz, que pisoteo y acribillo la Constitución y por consecuencia los Derechos Humanos, pues representaba como afirma Bobbio “la faz demoníaca del poder” que todo lo basaba en la fuerza de las armas y aun así el dictador fue aplaudido y rodeado por el grupo de lisonja y apoyado por las instituciones pervertidas a las que el ejército mostraba su lealtad especialmente al presidente, traicionando al pueblo herido; seguramente el secretario de la defensa y los principales generales del estado mayor brindaron con el dictador. “El valor de un espíritu -decía Nietzsche- se mide por su capacidad para soportar la verdad”.

En contraste, en protesta renunció Octavio Paz a la embajada de México en la India, y publicó su libro Posdata, que es una reflexión de lo ocurrido en México, después del libro el Laberinto de la Soledad. El Ingeniero Javier Barros Sierra renunció en protesta a la H. Junta de Gobierno de la UNAM el 23 de septiembre de 1968. Suplico leer el libro de Elena Poniatowska “La Noche de Tlatelolco” editorial Era.

El poder fue ejercido como certeramente afirma Montesquieu “arbitrariamente sin leyes ni contrapesos” dándose en la República el caos entronizado, todo fue una pesadilla apocalíptica, todo configuró un crimen horrible de estado. El dos de octubre de 1968 queda grabado en la conciencia nacional.

Primero de octubre del 2020, Reynosa, Tamaulipas.

#ObservatorioInformativo2019@

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Abrir chat
¿Necesitas información para publicar?